Miércoles, 12 Agosto 2026

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María Antonia Antoranz Onrubia, investigar como juego y aprendizaje

Artículo de Estrella Martín Francisco para "El Nordeste de Segovia" en agosto de 2015 que rescatamos en la sección "Personas que cuentan".

Inquieta y llena de proyectos, locuaz, metódica trabajadora y sorprendente en su visión sobre la vida, en la que dice no haber elegido nada. Su mundo se centró en la docencia y alrededor de ella giran sus facetas como escritora, investigadora, conferenciante, asesora del gobierno aragonés…Su determinación la ha llevado a trabajar en temas desconocidos, sobre todo medievales y sepulvedanos, y compartirlos con desparpajo didáctico en libros y ponencias.

Nació en Ayllón porque su padre estaba allí haciendo carreteras pero a los pocos meses ya estaba en Sepúlveda. La obsesión de su madre porque sus hijos estudiaran los llevó a Segovia. Aunque su deseo era hacer Químicas, la ciudad del acueducto le ofreció Magisterio junto a su hermana Peña. Comienza a trabajar con 18 años y, en esas elecciones pasivas, su madre la matricula de oposiciones junto a su hermana. Las aprueba con facilidad y la envían a una campaña de alfabetización, financiada por la ONU, a las Alpujarras granadinas donde vivió una experiencia que le cambió la vida. “Cumplí los 20 años en mitad del campo entre las calabazas aquellas. Estaba en un cortijo con luz pero sin agua donde todos eran analfabetos menos el dueño y yo. Les enseñaba a todos porque me parecía espantoso que no supieran leer ni escribir”. En Motril no podía evitar la carcajada cuando los niños gitanos levantaban el brazo y cantaban con ese acento. El director, que iba con camisa de falange, la quiso expedientar por falta de respeto al himno y a la bandera pero ella no tenía pelos en la lengua. “Te ha salido brava la segoviana”, le decían al inspector. Finalmente pidió la excedencia porque no tenía claro querer seguir. “No sabía nada de Pedagogía: enseñaba por intuición”. Ya tenía en mente su boda con Fernando y se fue a Zaragoza cuando se casó con él a los 22 años. Allí nacen sus hijas y sigue con su trabajo, estudia Historia en la Universidad y se integra en el grupo Clarión y movimientos de renovación pedagógica del ICE (Instituto de Ciencias de la Educación)”.

¿En qué momento te dedicaste a la investigación y otros temas?

“Hice cursos de Formador de Formadores y estuve en la Dirección Provincial, también en el equipo de difusión y debate de la LOGSE. Me descubrieron un tumor en la columna y, como soy poco de sentarme a llorar porque me parece una tontería y no podía dedicarme a la Arqueología porque no podía excavar, empecé a dar charlas y a investigar en vida cotidiana en la pintura; era una aplicación para el colegio porque nadie o casi nadie lo había hecho en España y trabajé en material didáctico para los museos”.

¿De qué das conferencias y dónde?

“Comencé dando conferencias en todo Aragón sobre formación del profesorado y sobre didáctica de las Ciencias Sociales, especialmente del entorno como recurso didáctico. Luego trabajé mucho el tema del agua en los libros de texto y participé en congresos en Sevilla, Oporto, Zamora, Zaragoza, Burgos…Con banquetes medievales participé en Nájera, Zaragoza, Arnedo, Huesca … En Sepúlveda, conferencias de temas medievales, judíos, vida cotidiana…

¿Qué te impresionó más de tu paso como asesora de Educación del Gobierno Aragonés?

“Aprendí para qué vale el protocolo. En una exposición, de la que era comisaria, quería que las personas tuvieran el material didáctico a la entrada y los de protocolo dijeron que no porque ‘en una mano se tiene el vaso y en la otra el canapé’; me quedé estupefacta” . –ríe divertida.

¿Cuándo empiezas a investigar sobre temas sepulvedanos?

“Cuando me jubilé, vi que en Sepúlveda había mucho por hacer. Empezamos a entrar en temas en profundidad como un juego con el Cancionero, porque estaba Nano de Concejal de Cultura.

Di una conferencia sobre los Fueros en la vida cotidiana y empezaron a pedirme cosas sobre los judíos y publiqué un libro y un artículo en la revista Sefarad . Me felicitaron desde Israel porque nadie había abierto el tema, excepto dos líneas de Colmenares. Lo último fue el libro: “En el arca: en torno al vestido tradicional de mujer en Sepúlveda”.

Si algo es indiscutible, es el poder de comunicación de esta segoviana maña que consigue lo que se propone, con una tozudez de la que hace gala y que ha publicado desde libros de textos para distintas editoriales hasta diseños curriculares en el ICE y Diputación de Aragón y otros títulos tan sugerentes como “El banquete de los reyes” o los sonidos del cielo y la tierra”. Con el libro “Aprender en el museo” abrió muchos caminos y le permitió publicar material didáctico de todos los museos de Zaragoza. Durante diez años dirigió una sección educativa en el periódico “El Heraldo de Aragón”.

¿Sobre qué estás trabajando ahora y de dónde te surge la temática?

“Estoy trabajando en la Historia de la Plaza de Toros de madera de Sepúlveda que estéticamente era un referente para pintores y fotógrafos. Si algo me caracteriza a mí es el odio furibundo a los toros pero teníamos casi 500 fotos de esas fiestas y es una responsabilidad mía el darlas a conocer. Un día hablé con Juanito el Duro, le pregunté cómo se hacía la plaza y no entendí nada del vocabulario y mandé a Nano. De ahí surgió hacer la historia porque hemos encontrado datos desde 1577. Fuera del tema sepulvedano, sigo con la Vida Cotidiana en la Edad Media y trabajo en la imagen de la enfermedad y la pobreza. Empiezo un tema cuando quiero saber más algo y no encuentro información que me satisfaga”.

Considera que hay muchísimos aspectos sobre los que investigar en Sepúlveda, que lo ideal sería que hubiera un grupo de trabajo aunque lo ve imposible porque nadie tiene tiempo para nada y la investigación requiere muchas horas.

¿Qué hay que procurar que no se pierda en nuestros pueblos?

“Yo creo que lo terrible es que se pierden los propios pueblos. Hay que conservar lo que se pueda escrito o grabado porque los nuevos aparatos y sistemas de relación se lo llevarán casi todo en poco tiempo y la gente tiene muy poco sentido de lo que se pierde”.

Parece mentira pero, como duerme muy poco, tiene tiempo libre en el que disfruta de casi todo lo que le ofrece la vida: familia, amigos, meriendas, chatos, música…y sobre todo leer, al menos un libro a la semana. Seguramente un día terminará uno de sus proyectos inconclusos: una tesis doctoral sobre “la influencia de los regímenes políticos en la didáctica” porque la enseñanza es lo que más satisfacciones ha proporcionado a esta docente investigadora que trasmite con entusiasmo y de la que, como le dicen sus hijas Inés y María, se podría escribir un libro.

Estrella Martín Francisco