Miércoles, 12 Agosto 2026

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Nuria San Frutos Onrubia, cuidar de las personas y ponerlas en forma

Artículo de Estrella Martín Francisco para la sección "Personas que cuentan".

Estudió Administración y Finanzas en Madrid donde vivió y trabajó en la Federación de Empresarios e Ingeniería Aeronáutica como administrativa. Entre medias estudió tanatoestética y estuvo en el tanatorio de Toledo. Con 39 años se vino a vivir a Castrillo y creó, junto a su prima Otero, una empresa de deporte en la naturaleza, que ella combina con clases de Deporte Social y otras actividades en las que la diversión está asegurada.

Desprende alegría y optimismo y nunca ha renunciado a oportunidades por difíciles que se presentaran. Por eso, cuando su padre enfermó gravemente, no dudó en ir a Castrillo a echar una mano a su madre. Era el año 2019 y se había quedado sin trabajo. Tampoco dudó en acudir a la llamada de un amigo que se había quedado sin pastor en plena época de la paridera. “Yo no tenía ni idea, pero me gustan los animales y disfrutaba, aunque había mucho trabajo y era una paliza”.

¿Cómo empieza vuestra empresa de marcha nórdica? ¿Y por qué esta disciplina?

Yo me quería quedar en el pueblo porque, aunque Madrid me encanta, me agobiaba un poco. Tenía en la cabeza desde hace tiempo algo dedicado a la naturaleza y el deporte. Empecé a darlo vueltas con mi prima Otero y a juntarnos con grupos de emprendimiento. En la pandemia las reuniones siguieron online. Me vino muy bien ese parón porque aproveché para estudiar. Hice el curso de guía de senderismo de media y baja montaña. Elegimos marcha nórdica porque probamos en Madrid y nos enganchó desde el primer día. Mueves el 90% de la musculatura y ves cómo corriges la postura enseguida. Éramos instructoras de nivel I y decidimos tirar por ahí, pero hacía falta titulación. Yo tenía monitor de ocio y tiempo libre, pero necesitábamos la carrera de ADE o un grado superior de TAFAD, que ahora se llama TSEAS y que hice. En pandemia empezamos con grupos muy reducidos y con mascarilla. Cuando terminó, la gente tenía ganas de hacer cosas en la Naturaleza. Hicimos cosas conjuntas con gente de la comarca y con Diputación en el programa “Nuestros pueblos, nuestra fortaleza”. Eran diez marchas por toda la provincia de Segovia y te daba mucha publicidad. Ya van por la cuarta edición y seguimos con ellas.

Os llamáis Territorio Rampinge que, aunque suena exótico, es un paraje de Castrillo.

Sí, es un cerco donde hay un cruce de caminos forestales y es el sitio más llano. Allí es donde entrenamos. Este nombre, aunque no es fácil, es nuestro territorio, nuestro terruño, y nos representa a nosotras.

¿Qué tal estos cinco años desde que empezasteis? ¿Cómo ha sido la experiencia?

Yo estoy muy contenta porque estoy donde quiero estar y hago lo que me gusta hacer. Es duro porque eres autónoma y siempre tienes incertidumbre. Por una parte, me planteo: “Dentro de diez o quince años, ¿voy a poder con esta actividad física?” En general ha tenido muy buena acogida. Mucha gente viene por curiosidad, repite y se engancha y viene al grupo que tenemos los miércoles. También hacemos actividades conjuntas con Ana Herero, la cerveza 90 varas, un grupo de inmersión en español que hay en Aldehuelas y se llama “Respirando en español”, y cosas que van saliendo.

Una parte importante de su trabajo la desarrolla en Sepúlveda donde es un referente de ejercicio y diversión porque Nuria ha llevado un aire fresco de energía positiva y saludable a la actividad física. Tanto que ha conseguido que noventa personas se apunten a sus actividades en invierno. Le da mucha importancia a la fuerza tanto en la vida cotidiana, como en el tratamiento de la osteoporosis o para las personas que se quieren poner en forma. Aunque, en general, se apuntan mujeres a sus clases, en Sepúlveda hay hombres en todos sus grupos.

En Sepúlveda, impartes clases en Deporte Social y con jubilados. ¿Qué grupos tienes y cómo son esas clases?

Tengo nueve pueblos en deporte social de octubre a abril. Se llama deporte social porque sociabilizan, algunos más que otros. En Sepúlveda hay cincuenta personas apuntadas y treinta jubilados. Hago las mismas actividades, pero adaptadas. La primera es un calentamiento que enfoco más a la fuerza que ahora se lleva tanto. Uso el método Tábata que son unas canciones de cuatro minutos donde se trabaja veinte segundos de ejercicio intenso y diez de descanso y cada uno se mete la caña que quiere. Cada día utilizamos un complemento: pesas, gomas elásticas, pelota... En la segunda parte solemos hacer juegos de competición y populares. Se divierten y en Sepúlveda son muy competitivos. Intentamos trabajar la memoria, lateralidad, equilibrio... Son grupos súper majos, responden muy bien y se nos pasa la hora haciendo chispas.

El verano pasado diste Aquagym, ¿te lo pidieron? ¿Qué proyectos tienes para este verano?

Fue por petición popular porque sabían que lo estaba haciendo en Muñoveros y que las señoras estaban encantadas. Yo no había pensado darlo en Sepúlveda, pero lo planteé y vi que sí salía grupo. Este año la idea es hacerlo otra vez los meses de julio y agosto.

También en verano hacemos marchas nocturnas con observación del cielo y adaptamos las diurnas.

Cuando tienes tiempo libre, ¿qué haces aparte de jotear en Sepúlveda?

Ahora entreno para la media maratón de Madrid a finales de abril porque lo que más me gusta es correr. Si me queda tiempo, me gusta ir a tomar cañas con mis amigas, al Rastro, comprarme plata… Quiero hacer este verano el Camino de Santiago. Me gusta mucho la música sobre todo en directo, y las fiestas de los pueblos, de las de Sepúlveda el primer día.
Con las jotas empecé en Madrid, con el grupo El Allar donde estuve unos cuatro años y me lo pasaba pipa porque era un grupo muy divertido, por eso ahora no me ha costado. Vamos los viernes con Montse y es el rato que es para mí, para estar con gente de mi edad y tomar una cerveza.

Esta joven entusiasta, generosa y llena de proyectos, ha traído un aire dinámico, risueño y sano. Siente que su misión es cuidar a las personas y ponerlas en forma, algo que también hace en Aranda en un grupo que tiene los sábados en la Asociación Contra el Cáncer, enfocado a la prevención. “Espero tener salud y poder tirar así muchos años en mi pueblito. Me flipa el campo, tenemos muchos ecosistemas, tan pronto estás en las lagunas, como en las hoces como en el sabinar, en el arrecife de corales o en la Pinilla”. Si algo echa de menos, es socializar con gente de su edad y las temporadas con pocas horas de luz donde poco se puede hacer en Castrillo. Pero con el verano a la vista y una casa casi por estrenar, ve un horizonte abierto de posibilidades.

Estrella Martín Francisco