Miércoles, 12 Agosto 2026

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Alfonso Pérez Gómez, regalar vida y salud

Artículo de Estrella Martín Francisco para la sección "Personas que cuentan".

De apariencia seria y aire de bondad, es risueño en las distancias cortas. Pierde su timidez inicial al hablar de su trabajo en carpintería de aluminio, de su papel como “monaguillo” en las misas y de su actividad (desde hace más de treinta años) como donante de sangre y plasma, que le permite invertir su tiempo para ayudar a otros.

Nacido en Madrid, aunque de padres de Corral y Valdesaz, a los cuatro años vino con su familia a vivir a Sepúlveda donde su padre trabajó en la empresa de transportes La Rápida. De los once a los diecisiete años, fue al seminario de los frailes corazonistas de Arévalo y Alsasua. Afirma con rotundidad que su vida hubiera sido distinta sin esta vivencia.

¿Cómo recuerdas tu etapa en el seminario y qué te aportó?

Tenías tus horarios, tus empleos, hacías deporte todos los días, salíamos al monte, a la sierra de Urbasa y tenías una vida organizada. No me arrepiento de haber estado porque nunca he sentido echar de menos nada. Los primeros días eran un poco más duros, pero había 80 o 100 chavales que eran tu familia y unos frailes, a los que llamábamos hermanos, que eran tus cuidadores y todo. Tus padres te llamaban una vez al mes. Yo venía a casa cada tres meses, yo solo con la bolsa en el autobús y, con quince años, cogía el tren en Aranda que tardaba seis horas hasta Alsasua. ¿Qué me aportó? Convivencia con otra gente. Serenidad no sé porque mala leche tengo. Puede ser paz interior, la creencia en que hay algo más: ahora la gente miramos más fuera que dentro.

Te dedicas a la carpintería de aluminio, ¿por qué?

Porque, cuando salí del seminario, después de estudiar un año en Cantalejo, hice un cursillo de carpintería de aluminio en el INEM de Segovia. Estuve en una empresa varios años y, con un compañero, montamos la nuestra en el polígono de Hontoria. En una época tuvimos tres chavales, pero cuesta muchísimo tener a alguien contratado. Así que nos vamos apañando los dos y, si hay que echar horas, las echamos sin problema. Ahora tenemos trabajo, pero me da un poco de reparo porque es un estilo a antes de la crisis, que lo pasé fatal.

Nos habla con soltura y seguridad de ese mundo que domina, de esos materiales que se demandan, como el PVC, aunque él prefiere el aluminio porque es un metal, y no un plástico, y se degrada menos. Su vida transcurre entre Segovia y Sepúlveda donde piensa que van desapareciendo cosas y que la vivienda y el casi inexistente transporte público son los problemas más serios. El lado positivo son las numerosas asociaciones. Él pertenece a Arco de la Villa, Hermandad de la Virgen de la Peña y Víctor Barrio. Se considera “un peón”, pero destaca la importancia de pertenecer a ellas porque, si no se van haciendo las cosas entre todos, no se tira para adelante y porque, si organizas las fiestas, por ejemplo, las vives de otra manera.

En junio del 2025 la Hermandad de donantes de sangre de Segovia te distingue como donante del año provincial junto con otra chica. En noviembre, la Federación de Donantes de Sangre de Castilla y León, te concede en Cogollos (Burgos), en los Premios Castilla y León Por la Vida, una distinción como agradecimiento a tu compromiso solidario y altruista, ¿En qué consistieron los actos?

El de Segovia fue en la Asamblea Anual en la Academia de San Quirce donde explican cómo han ido el año. Este año nos dijeron que es importante donar plasma porque se están sacando medicamentos. Se dan distinciones a colaboradores como el Ayuntamiento o periodistas, y se anima a la gente a hacerse donante. En Burgos se distinguen a tres márgenes de edad, chico y chica porque las chicas pueden donar menos sangre. Luego tuvimos una comida de hermandad de Lerma. Estos reconocimientos son un incentivo y lo hace más cercano a la gente.

¿Cuándo empiezas a donar y por qué? ¿Y qué requisitos son necesarios?

Yo empecé alrededor de 1990. Recuerdo que era la semana antes de las fiestas. Estábamos preparando la peña. Tú sabes con qué ilusión se hace, como si te hubieras comprado un chalet en la Castellana. Fueron al ayuntamiento y fuimos a donar. Empiezas y te engancha. A esas edades no eres muy consciente de lo que haces. Pero, aunque empecé donando sangre, llevo muchos años con plasma. Tienes que tener más de dieciocho años, pesar más de cincuenta kilos y tener buena salud.

Explícanos la diferencia entre donar sangre y plasma.

Cuando empecé a donar plasma, el proceso duraba dos horas y media; ahora es unos cuarenta minutos y la sangre cuarto de hora o veinte minutos. Es un proceso que se llama aféresis: te sacan sangre, lo meten en una centrifugadora y separan las plaquetas por un lado y el plasma por otro. Luego te devuelven la sangre, más fría, claro. En la sangre extraen todos los componentes. El plasma viene mejor porque están sacando muchos medicamentos de él y el cuerpo se recupera mejor, así que puedes donar con más frecuencia. Te van controlando durante todo el proceso y luego te dan un bocadillo, antes te daban bollería industrial. “Yo que venía por los bollos y los han quitado”. Le dije bromeando a la enfermera.

¿Cómo animarías a la gente a donar?

Decirles que, cuando haya campañas, que vayan a donar porque es perder media hora de tu vida para dar salud y vida a otras personas. Para mí no es sacrificio, porque tengo salud y puedo compartirla. Cuando ves a críos que lo están pasando mal, te emocionas y ves que tú puedes hacer algo. Yo he querido donar médula, pero ya no puedo por la edad. En Castilla y León somos de los mejores de España en donaciones. La gente joven voluntariamente no va, pero si tú vas a la universidad, por ejemplo, responden muy bien. Ojalá los premios sirvieran para que la gente donara más.

El pudor de Alfonso a ser protagonista, se vuelve orgullo de pertenencia a este grupo de donantes anónimos a los que, en localidades como Cogollos, han dedicado una calle y, seguramente, se merecerían un reconocimiento más amplio. Ha traído con cuidado los premios que le han dado este año y que se alegraría si sirvieran para que la gente se animara a donar más. Castilla y León es de las comunidades que encabezan estos actos generosos con 110.000 donaciones. Alfonso es la cara cercana y altruista de este regalo tan necesario que no va envuelto, solo nos cuesta media hora de nuestro tiempo, y es lo más valioso que podemos ofrecer: salud y vida.

Estrella Martín Francisco