¡Qué racha llevamos, parece que nos han echado mal de ojo!. Cuando las cosas van mal es frecuente asociarlo a algún ser o circunstancia fuera de nuestro control y que puede influir en nosotros y en nuestra vida. Tan frecuente como decirlo es tratar de buscar protección contra esa influencia. En Sepúlveda y su alfoz fueron muy populares, especialmente entre los agricultores, una “nomina” que protegían de toda clase de males enviados por brujas o demonios.

El protegerse contra el mal de ojo, o las maldiciones de cualquier tipo y procedencia es una costumbre que encontramos en las civilizaciones más antiguas. En Egipto, Babilonia, Grecia y Roma se protegían del mal de ojo y de otras maldiciones con textos y figuras de dioses. Las formas de prevenir maldiciones y enfermedades en la tradición judía son múltiples. Los textos rabínicos hablan de amuletos en los que hay inscritas palabras, versos de las escrituras o proverbios.
La Edad Media cristiana nos ha dejado en la pintura gótica uno de los ejemplos de protección que consistía en un colgante de coral al cuello de los niños (incluso se lo ponen al niño Jesús cuando está en brazos de su madre en el cielo) para que les librara de los males inducidos por los espíritus o las brujas.

Hasta hace poco tiempo se usaban los escapularios y en sus últimas manifestaciones la “nomina” o “cedula bendita”.
Popularmente se conocen con esta denominación unas hojas que reproducen cruces con exorcismos u oraciones a determinados santos. Según nos cuenta Alfonso Turienzo Martinez:”En muchos pueblos leoneses (…) Se recuerdan remedios contra el mal de ojo, siendo el más corriente el de proteger a los niños con una cédula bendita de tela o escapulario que se decoraba con escamas de pescado haciendo un dibujo en forma de flor; dentro de éstas figuraban unos salmos en latín que se imprimían en una imprenta de Astorga.”
En Sepúlveda se vendieron durante todo el siglo XX lo que el pueblo llamaba, usando un término pervertido del nombre correcto, “lominas”. Estas “nominas” procedían del Monasterio Cisterciense de Nuestra Señora del Valle en Aranda de Duero y fueron traídas a la villa a principios del siglo XX por Juan Casado, un impresor que se instaló en Sepúlveda procedente de Aranda de Duero.
Se trata, según las propias monjas, de un sacramental que se ha vendido en sus conventos desde “siempre”. Es difícil saber qué periodo abarca ese siempre pero las más ancianas hablan de que cuando entraron en la vida religiosa, las más ancianas a su vez, recordaban su existencia de toda la vida: sin duda desde el siglo XIX y seguramente desde el XVIII, incluso antes, se usaban estas “nominas” en Aranda de Duero. Su presencia está documentada en Astorga ya en 1553, pues las constituciones sinodales de ese obispado, ordenaban que se solicitase información sobre el uso de estas cédulas o nóminas:“(...) Y si sabeys de algunos que tengan libros de conjuros supersticiones o que estén prohibidos o reprobados en derecho por la Yglesia; o que traygan algunas nominas al cuello o en otra parte: las presenteys para que sean vistas y examinadas si son buenas o catholicas o no”.

La “nomina” que se usaba en Sepúlveda es una hoja, tamaño cuartilla, impresa por una cara y escrita en latín. Está encabezada por la cruz de San Benito, símbolo que está considerado uno de los más poderosos elementos de lucha contra el demonio y sus manifestaciones y que se usa en toda la cristiandad desde, al menos, el siglo XVII. Aunque en este caso preside la “nomina”, sin duda para reforzar su poder, suele llevarse en medallas con la imagen del santo en una cara y la cruz en la otra. Se cree que la difusión de esta medalla comenzó en 1647 a raíz de un proceso por brujería en Baviera, unas mujeres fueron juzgadas por hechiceras, y en el proceso declararon que no habían podido dañar a la abadía benedictina de Metten, porque estaba protegida por el signo de la Santa Cruz. Se buscó entonces en el monasterio y se encontraron pintadas de antiguo representaciones de la cruz con la inscripción, que siempre aparece en la medalla.
Alrededor de la cruz lleva unas iniciales que en la “nomina” se han desarrollado para que la comprensión sea perfecta y que son una llamada al demonio para que no tiente a quien la lleva.
Retírate Satanás --- Nunca me aconsejes cosas vanas--- Son maldades lo que ofreces
Bebe tú mismo esos venenos---- La Santa Cruz sea Luz para mí---- El dragón no sea guía para mí.
Continúa con una invocación a los nombres y cualidades de Dios, de ahí su nombre y por su poder ordena, tanto al demonio como a cualquier otra fuerza a él asociada, especialmente a las brujas, que se alejen de cualquier persona, lugar, animal u objeto que figure en el renglón en blanco que la hoja lleva al efecto.
Cristo vence, Cristo reina, Cristo te defienda de todo mal del Maldito; y a vosotros, demonios, excomulgados en virtud de estos santos nombres de Dios: Mesías, Emmanuel, Socer, Sabaóth, Ágios , Ischirós , Athánatos , Adonai, Jehová y el Tetragrámaton, os constreñimos , y os separamos de esta criatura ------------------ y de todo lugar y casa donde estuvieren estos nombres y signos de Dios; y os ordenamos y obligamos, a que ni por peste ni por maleficio alguno cualquiera que sea le causéis daño ni en el alma ni en el cuerpo. Id, id, id, malditos al lago de fuego, o a los lugares asignados por Dios para vosotros. Os lo ordena Dios+Padre, os lo ordena Dios+Hijo, os lo ordena Dios Espíritu + Santo, os lo ordena la Santísima Trinidad, un solo+Dios. Amén.

Termina con una oración que está destinada a prevenir, o curar las enfermedades intestinales que frecuentemente aquejaban a las personas y los animales por beber agua en mal estado; por la intercesión de San Bernardo, San Benito y San Antonia Abad y el poder del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo se conmina a Ascarides, (lombrices intestinales) a que vuelva al agua de donde salió y abandone los cuerpos que ha invadido. Posiblemente, esta oración se añadió posteriormente en un momento en que las enfermedades intestinales asolaran a animales y personas.
Para que no quedara duda de su ortodoxia dentro de la Iglesia, las hojas que provienen de las monjas, ya en castellano, llevan una advertencia en la parte posterior que explica su procedencia. Tras un exorcismo a una posesa el mismo San Bernardo de Clavaral le dio un pergamino con esta oración para que la guardara en su ausencia. En Sepúlveda esta advertencia no figura.
El uso se extendía como protección tanto a los espacios como a las personas, a los animales y a las herramientas de trabajo. En las casas solían ponerse en los lugares de entrada: puertas, ventanas y, chimeneas, por donde tradicionalmente entraban las brujas. En las cuadras, o las tenadas eran imprescindibles y pocos eran los que se atrevían a dejar al ganado, de quien dependía su economía, sin esta protección. En los medios de trabajo como los carros o en los últimos años coches y autobuses se usaban también para evitar los accidentes. En las camas de las personas enfermas y en las cunas de los niños, era frecuente poner una hoja bajo los colchones para que la enfermedad que provenía de brujas o demonios no los afectase o los abandonara.

Según las monjas y, puesto que era un sacramental, bastaba con una hoja que tenía valor mientras se pudiese leer lo escrito, sin embargo en la comarca de Sepúlveda la costumbre era cambiarlas cada año, poner un número impar de ellas y que fuera escrito el nombre del lugar o persona por alguien diferente a la que iba a recibir el beneficio o la protección, en general el que las vendía.
Hemos recogido algunos testimonios que mostramos como prueba del variadísimo uso que se hacía de las nominas y de la popularidad y fe que se tenía en su poder, aunque, pocos reconocen abiertamente haberlas usado.
Nos contaba un hombre, con excelente salud, que su abuelo vio que era un niño muy enclenque y desde que le puso una “lomina” en la cuna creció fuerte y sano.
Una vez se volcó un carro y pilló debajo a un hortelano que estaba seguro le habían echado mal de ojo porque le habían sucedido varios accidentes con las mulas. Pusieron una “lomina” en el carro y otra en la collera de las mulas y nunca más sucedió ningún percance.
Una de las perdidas más grave que podía sufrir una familia era la muerte del cerdo. La comida de gran parte del año dependía del engorde de este animal y de su aprovechamiento. A veces el animal enfermaba y entonces se cogía unos pelos y se llevaban, a un experto, que podía decir si el mal era producido por brujas, en cuyo caso una “lomina” arreglaba el problema.
El mismo procedimiento se seguía cuando enfermaban los rebaños de corderos o las mulas y así, a la científica labor del veterinario, se sumaba esta ayuda sobrenatural.
Para la protección de la casa eran indispensables y tan arraigada estaba la costumbre que incluso las personas que se iban a vivir a Madrid se llevaban “lominas” y cada año pedían se las enviaran para proteger su nueva casa. De hecho, nos comentaba el impresor que sabía cuando habían fallecido porque dejaban de pedirlas.
Un último ejemplo, de uso más moderno, nos lo proporcionó mi tío Daniel Onrubia a quien solicitaban “lominas” cuando se estrenaban autobuses de línea.
En la actualidad aún hay personas que vienen a Sepúlveda y preguntan por estas oraciones que significaron una ayuda inestimable contra unos males que no podían entender y que creían propiciados por brujas o demonios.
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1 Un estudio completo, y muy documentado es la tesis doctoral presentada por Antón Alvar Nuño: El mal de ojo en el occidente romano: materiales de Italia, norte de áfrica, Península ibérica y Galia. Madrid, 2010.
2 Alfonso Turienzo Martinez, Brujería en la Maragatería. Octubre de 2011. Blog del Tamboritero Maragato.
3 Agradezco a Sor Viñas, de la Abadía de Nuestra Sra de la Anunciación de Santo Domingo de la Calzada (Logroño) su información sobre las “nominas” de Aranda de Duero, en cuyo convento estuvo muchos años.
4 Incluso las páginas de internet pueden protegerse por el poder de esta medalla. Así en la página que citamos viene la siguiente oración: Te conjuramos, espíritu del Mal, para que no te acerques a estas páginas, ni a sus autores, ni a sus familias; y que te alejes de esta medalla de San Benito bajo cuya protección y amparo han sido colocadas; en el nombre de Dios Padre Omnipotente, que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos se contiene. Asimismo, que desaparezcan y se alejen de esta medalla toda la fuerza del Adversario, todo el poder del Diablo, todos los ataques e ilusiones de Satanás, a fin de que todos los que la usaren gocen de la salud de alma y cuerpo. Amén. Así sea. http://eltemplodelaluzinterior.wordpress.com/2009/07/05/respuesta-a-distintas-curiosidades-dudas-y-comentarios-sobre-la-cruz-de-san-benito/
5 Nombre en latín es neutro nomem y por tanto el plural sería nomina.

