Ana Díez y Antonio Cristóbal, Restaurante Cristóbal: 52 años de historia de Sepúlveda

Artículo de Estrella Martín Francisco para la sección "Personas que cuentan".

A veces los establecimientos son entes vivos que transforman y conforman la vida de los pueblos, que llenan huecos vacíos en el paisaje y que forman vínculos que van más allá de lo profesional. Así fue el Restaurante Cristóbal: un punto de encuentro y un nuevo concepto de la hostelería. Sus rostros visibles son Ana y Antonio, sencillos y cercanos, quizá sin ser conscientes de haber escrito una página de Sepúlveda.

Nacida en Cerezo de Abajo, Ana vivió una infancia y adolescencia gratificantes. Su pueblo era muy activo culturalmente todo el año, con obras de teatro, colaboración con la iglesia…“No nos aburríamos nada”. Con 11 años se fue interna a Segovia a estudiar Bachillerato y luego Magisterio…Mientras tanto Antonio disfrutaba en la Picota con sus amigos. Aunque estudió Bachillerato, pronto empezó a hacer sus primeros pinitos en hostelería, tarea que presidiría su vida. Su afición por el fútbol, le hacía subir y bajar corriendo al campo de fútbol desde el bar, sin tiempo para comer.

¿Cómo os conocéis?

Ana: Me dieron en el colegio recuerdos para él cuando dije que iba a ir a Sepúlveda. Yo no le conocía, fui al bar y no estaba. Luego nos conocimos en La Violeta como casi todos los de la zona. Yo venía los fines de semana a ayudar porque había mucho trabajo y, al final, me quedé. A Antonio no le apetecía irse a Segovia, estaba muy aferrado a Sepúlveda.

Antonio: Cómo serían los veranos que voy a Cerezo y le digo a Ana en junio: “Bueno, ya hasta septiembre; yo no puedo salir de Sepúlveda hasta que no acaben Los Toros”. No había días libres ni nada. Luego nos juntamos Pedro Postigo, Paulinete, Juan Antonio y yo, que era los que estábamos y consensuamos cuándo librar. Cuando nos veían juntos, la gente decía. “Subida de precios”.

¿Por qué empieza el Cristóbal y cuándo?

Mi padre era constructor, en el año 1972 hizo el edificio y pensó en un bar; de hecho, la planta de arriba era todo bar lleno de mesas. Venía mucha gente con los niños. Incluso algunos inviernos hicimos baile porque había muchos accidentes y no se quería que salieran los jóvenes. Yo servía, pinchaba los discos y todavía salía a bailar cuando no había mucho jaleo. Al bar iban muchos a merendar los domingos y luego bajaban al baile.

¿Cómo fueron los comienzos? ¿Y qué queríais conseguir?

Antonio: Mi madre, Eusebia, cocinaba porque mi abuelo Albarrán tenía fonda y ella hacía las comidas. También estuvo con la tía Florencia y aprendió a asar. Lo que hicimos con acierto fue traer a dos grandes profesionales de Aranda: Arcadio y Jesús. Eran camareros de oficio y nos enseñaron a todos. Revolucionaron un poco la imagen de la hostelería en Sepúlveda y en la zona. Intentamos dar otro enfoque más profesional, y luego nos lanzamos a todo según demanda: grupos, bodas…

Ana: también hemos sido un poco inquietos a la hora de innovar, aunque hemos seguido la tradición. A La gente de aquí les gusta cambiar: hicimos menús de cena medieval o mus, San Valentín …

Ana, ¿Cómo te integras en un proyecto que no es el tuyo y cómo lo compaginas con la maternidad?

Ana: En principio venía solo los fines de semana porque quería terminar la carrera. Luego me quedé desde por la mañana hasta por la noche. Estaba muy arropada por mi suegra y mi madre, que también ha sido muy buena cocinera. Y la cocina me gusta, porque si encima no te gusta con la esclavitud que es…

A mi hijo Antonio lo tuve muy jovencita y se crio en la cocina porque hacía calor y le bañábamos allí y todo. Era el juguete: un día empezó a andar en la mesa de mármol y, por mirarle todas, se nos quemaron los flanes. Mi suegro le cantaba habaneras por las noches que había muchas cenas. Con Millán tuve que coger una chica.

Antonio: “Iba de la cocina corriendo a dar a luz a Segovia. Con Manuel tuvo que ir a recogerlos mi cuñado porque yo no podía ir, era el puente de la Inmaculada”. Ana continúa: “Y después de venir, ni te cuento lo de la conciliación.¿Dónde dejas a los niños un puente, una Semana Santa? No había nada”.

Desde muy joven Antonio se integró en las Asociaciones del sector representativas de Castilla y León, formando parte de su junta directiva: Centro de Iniciativas Turísticas, presidió durante 10 años la Asociación de Asadores de Castilla y León, estuvo en la Federación Empresarial, con participación en Fitur… La Unión de Catadores y Sumilleres de Castilla y León surgió en el Cristóbal. Llenos de inquietudes e iniciativas, realizaron talleres en su establecimiento y cursos de formación de pastelería o cócteles, por ejemplo. Pero en 2024 Cristóbal cierra las puertas por jubilación.

Muchos clientes, anécdotas… En todos estos años, ¿qué creéis que habéis dado a Sepúlveda y qué os ha dado Sepúlveda a vosotros?

Antonio: El Cristóbal ha sido un “ente vivo” para toda la comarca: hemos dado muchísimas bodas y a los 50 años las bodas de oro de los que se habían casado aquí. Ha sido un servicio que ha dado vida a Sepúlveda y a esta zona que está más alejada de la plaza y más vacía.

Ana: hemos dado trabajo a la gente joven y a 4/5 familias de fijos. Sepúlveda nos ha dado el paisaje, popularidad, buen trato con la gente, un negocio muy vistoso... Se pasan malos ratos, pero yo me siento un poco familia de todos.

Habéis tenido empleados fieles: Jesús, Félix, Paco… ¿qué les dabais?

Félix y Paco han estado con nosotros 50 años, Jesús alguno menos. Éramos una familia, todos a una trabajando: nosotros los primeros y los últimos. Hemos intentando mejorar sus condiciones que también eran las nuestras, mirar más por la gente que por la empresa.

A pesar de que están cerrando muchos negocios en Sepúlveda, Antonio ve mucho futuro en la hostelería. “Estamos en un proceso de cambio y hay que darle otro enfoque, pero abrirán negocios. Sepúlveda necesita otra repoblación, pero no soy partidario de ayudas sino de exenciones”.

Todavía está con la “resaca” de ser pregonero en las Fiestas de Sepúlveda que vivió como un reconocimiento a su establecimiento, más que a él, y el mejor colofón. “Fue un recordatorio de las personas y tu negocio en 5 minutos, en tu pueblo y con tu gente”.

Por primera vez, acaban de celebrar junto a toda su familia el cumpleaños de uno de sus hijos y están empezando a saborear la jubilación, acudiendo a las fiestas de la zona e integrándose en actividades cotidianas. Ellos, que han dado tan buenos momentos a base de trabajo profesional, esfuerzo y sacrificio, ahora pueden integrarse en unos horarios que nunca pudieron disfrutar.

Estrella Martín Francisco