Domingo Sanz Manrique, la suerte en sus manos

Artículo de Estrella Martín Francisco para la sección "Personas que cuentan".

Vende sueños, deseos o soluciones a problemas, acuñados en el tiempo, en su local de Loterías y Apuestas del Estado. Un establecimiento que anteriormente fue una tienda familiar donde vendían de todo y que forma parte de la Historia reciente de Sepúlveda. Junto a su mujer Marisa, a la que atribuye todo el mérito, llevan ya casi 20 años emocionando a sus vecinos.

Cuando era niño no había móviles ni tecnología, solo la imaginación, su entorno, y sus amigos que les proporcionaban aventuras. La serie Rintintín les hacía soñar con ser “el Gran Jefe”, pero necesitaban plumas de gallinas vivas. Persiguiendo a una, Domingo se metió en la cueva de la señora Veneranda llena de basura y agua. “Vi a la gallina que flotaba, me metí para adentro y me fui para abajo. Menos mal que estaba por ahí Severino y me sacó por los pelos”. Como venganza quiso quemar a todas las que vio en un corral y se quemó todo menos las gallinas. Tiene muchas anécdotas y juegos de temporada, de patatas asadas y cagadillo en el campo… La Picota era su cuartel general donde se reunían casi 20 chicos, pero especialmente Danielín, Poncho, Peque, Pesca y Pablo.

Siempre “maquinando”: soltar las burras de los que iban a comprar para dar una vuelta con ellas y ser incapaces de devolverlas a su sitio, crear una máquina de fotos imitando al Minutero de Segovia o enredar por el pilón acabando dentro de él con los pantalones nuevos.

Sin embargo, solo tenías hermanas. ¿Cómo fue tu infancia con 6 chicas?

No tenía ningún problema, he discutido mucho con Mayte, que era la más pequeña, porque éramos el perro y el gato. Mis hermanas me han dado mucho cariño y alguna bronca que otra porque yo era muy trasto, muy trasto. Las hacía muy gordas, y ellas me taparon mucho.

¿Estuviste estudiando fuera?

Sí, estuve en los Maristas de Segovia un año, pero me vine con la maleta para acá. Luego me fui a Bilbao con mi hermana Conchi porque mi padre pensó: “No dejándole jugar y quitándole de aquí, aprende”. Todo lo contrario: no había forma. Me llevó, para que se me quitara la idea, con mi cuñado Juan a descargar sacos de pienso, descargaba 10.000 kilos a hombros todos los días. Yo iba por horas y trabajaba en la tienda. Teníamos que descargar 24000 kilos en el almacén y otros 20000 en el molino de Turégano. Me saqué el carnet y, con coche y todo, para qué quería más. Estuve descargando sacos hasta la mili.

¿La mili fue algo traumático para ti?

No. Estuve 3 meses en Lanzarote y luego en Las Palmas al cargo de los perros policía. Acostumbrado a la vida de aquí, no me gustaba, era muy distinto y no se podía alternar como aquí porque el vino era caro y malo.

Ya de algo mayorcito, hacías corridas en la plaza con la carretilla. ¿Cómo surge?

Entonces los bares cerraban a las 12 de la noche y no había nada que hacer. Nos quedábamos en la plaza y hasta que a alguno se le ocurría una idea. Un día tuve que ir a por la carretilla para dejarla aquí para por la mañana porque tenía que ir a algún sitio con ella. Me vieron y empezaron: “¡Eh, toro!”. Se hacían encierros con la carretilla y, como te diera bien, no veas qué golpes.

¿Por qué decides quedarte en Sepúlveda?

Porque me encanta, soy un fan de Sepúlveda. Me paro una y mil veces con todo el que viene a explicarle las cosas, a mandarles por mi casa, que hay una vista espectacular, pero la gente no sube.

La tienda siempre estuvo en la vida de Domingo, todos los hermanos nacieron en ese edificio en el que vendían prácticamente de todo en alimentación, muchísimas especies y artículos exquisitos, no es vano Domingo padre trabajó en Mantequerías Leonesas de Madrid y allí iba y traía media baca o la baca entera de La Rápida en productos. Podías encontrar vino desde el brick que costaba una peseta hasta el más caro de Vega Sicilia. Y su madre hacía unas morcillas exquisitas. Después de la jubilación de sus padres y que su hermana Nines se fuera a trabajar con su cuñado, Domingo y su mujer se quedaron con el negocio. Fueron años duros, de muchísimo trabajo.

A por el pescado te ibas pronto.

Me levantaba a las 3,30 de la mañana para ir a Aranda, y ya había 100 personas para comprar; ahora no ha quedado ni uno. Iba los martes y viernes y a veces los jueves. Siempre he sido muy juerguista y había noches que llegaba a casa a las 2,30 y dejaba de trabajar a las 11 de la noche. Mi mujer me dejaba la comida en la trastienda. Hacíamos más horas que el reloj. Solo cerrábamos los domingos por la tarde, como ahora.

¿Por qué el cambio a la administración de lotería?

No podíamos ya. ¿Tú sabes lo que es descargar 2500 kilos de futas a la cueva y luego subirlo a la tienda y lo mismo con 100 cajas de leche, bebidas y demás? Salió en el BOE que iban a dar la lotería a Sepúlveda cuando lo dejó Cañitas y me presenté.

¿Cómo te cambio la vida?

Para bien y para mal, porque esto es muy serio, menos mal que está mi mujer, que si no fuera por ella, que es la que controla, estaríamos en la calle, ya te lo digo. Para bien en el trabajo, porque yo ya no podía hacer lo que hacía antes, era imposible. Me costó ponerme al día porque no tenía ni idea.

¿Qué tipo de productos y clientes tenéis?

Hay 12 juegos activos, quinielas, caballos y las loterías. El más popular es la Primitiva, La Bonoloto, la más barata y el Euromillón la más cara y la que más premios da porque jugamos 15 países de Europa. Los clientes son de todo tipo, te sorprenderías de ver quiénes echan y quiénes no. Me muevo mucho por todos los pueblos con la lotería los jueves y viernes.

¿Qué premios importantes habéis dado?

Muchos, miles de euros: primeros, segundos, números feos que no gustan, a abonados…Da muchísima satisfacción, aunque la gente no quiere que se sepa. Tenemos muchas anécdotas.

De septiembre a diciembre es la época fuerte de su negocio, aunque el matrimonio ya está pensando en la jubilación. Quizá entonces Domingo pueda tener más tiempo para alternar con gente de todas las edades, su afición favorita, y atesorar vivencias sobre su pueblo, esas que mezcla con la realidad y el recuerdo. Mientras llega ese momento, seguimos viendo su figura como parte de este pueblo que tanto le gusta y quizá soñando también con un golpe de suerte que ya no estará en sus manos.

Estrella Martín Francisco