Hoy os presentamos otro artículo de Estrella Martín Francisco, que se ha publicado en septiembre de 2023 en el periódico comarcal "El Nordeste de Segovia". En esta ocasión os presentamos a Pilar Alonso: Una posada de cuento.
Para Pilar la vida tenía otros planes y dejó de vivir en Inglaterra para volver a Sepúlveda. Adoraba la enseñanza, pero nuevamente la vida le hizo ponerse al frente de un singular alojamiento rural. Su carácter sosegado y afable, su amena conversación y un edificio único, hicieron que la FES le concediera el premio a la Hostelería y Turismo este año.
Entrar en un edificio del siglo XI/XII es una experiencia única, un remanso en un día de calor. En el jardín, con vistas diferentes de Sepúlveda y, al pie de una morera centenaria, charlamos con la responsable de la restauración de este lugar histórico.
No sorprende que Pilar describa sus primeros años como una maravilla. “Primero por mi familia y segundo por este pueblo, porque la infancia nuestra ha sido estar en la calle: panda de amigos, el río, la presa, la bicicleta…”. Su madre enfermó y tuvieron que “repartir” a los 5 hermanos con sus familiares, pero ella no vivió como un trauma sus años en Cabezuela, ejerciendo de hija única con sus tíos.
¿Luego vas a estudiar a Segovia?
Sí, a las Jesuitinas, y ahí sí que lloré amargamente todo el primer año, sobre todo por la tarde pensando en lo que estarían haciendo en Sepúlveda en ese momento: jugar a los Tres Navíos, saltar en la plaza…, y yo ahí metida. Me decía una compañera: “¿Lloras porque no tienes abrigo?”. Siempre dejaba el abrigo debajo de una silla porque allí pasaba más calor del que estaba acostumbrada aquí.
Allí termino el bachillerato y hago Magisterio. Tomo posesión en Quintana Urria, un pueblo de Burgos, y pido la excedencia para estudiar Filología Inglesa en Valladolid, aunque el alcalde nos recibió tan bien que no me quería ir de allí.
Terminas y…
En esa época nos dan una beca estupenda para ir a Inglaterra y me voy un año a Londres donde lo pasé fenomenal. Estuve 3 años y nunca pensé venirme. Pero en esa época se casaron mis hermanos, había bautizos y venía porque si no mi madre se enfadaba y, en una de esas, me enamoré. Todavía me fui, pero la cosa había cambiado muchísimo y, aunque mi plan era vivir en Londres, me vine. Trabajé en el colegio “Los Rosales” de Madrid, donde tenía de todo.
¿Por qué te vienes a Sepúlveda?
También por amor. Nos casamos y pedí el reingreso en Magisterio y me dieron Urueñas donde daba clase en la casa del maestro que tenía mucha humedad y luego en los Navares donde tenía chicos disléxicos y que escribían en espejo que yo no tenía ni idea de lo que era eso. Pasé de una escuela de élite a no tener nada de nada, ni calefacción. Yo no me quité el abrigo nunca. Vino un inspector y dijo: “¿Cómo están ustedes así?”. Le contesté: “Dígamelo usted”. Y no volvió. En esos pueblos he estado encantada, a los chicos los veía como angelitos, y los padres fenomenales.
Y teniendo tu trabajo ¿cómo te embarcas en una aventura como la posada?
El edificio era de mi marido y empezamos a restaurar la parte nuestra. Con una parte hecha, Pin se muere y me quedo con un edificio que amenazaba con hundirse y mis hijos de 2 años y 9 meses. Mi hermano Nano, Capitán Araña, me dijo que había salido algo de Turismo Rural y que pidiera subvenciones. Fue una época buena de Fondos Europeos, de ayuda a mujer trabajadora…Empecé a rehabilitar la casa hace 20 años, y fue una aventura estupenda.
Sí, pero tenías tu trabajo, los niños pequeños…¿Cómo te apañabas?
Ahora cuando lo pienso digo: “¡Madre mía, cómo podría yo con aquello!” Porque salía zumbando de la escuela en Santo Tomé a la 1 para llegar a Segovia antes de las 2 que cerraban y a las 3 tenía que volver a la escuela. A veces llegaba y habían cerrado.
Este año la Fes (Federación Empresarios Segovianos) te da el premio a la Hostelería y Turismo, ¿cómo lo vives?
Fue una sorpresa porque yo venía de otro mundo y consideraba que no era la persona adecuada, que había gente que llevaba más años. Lo viví con preocupación porque era una situación rara y no me gusta hablar en público. Luego pensé que no era un premio solo para mí. No preparé nada porque me dijeron que me harían preguntas. Pero no lo hicieron y, el que me presentó, dijo todo sobre la posada. ¿Y ahora qué digo yo? Estoy segura de que mi ángel de la guarda me dijo: “Agradece”. Di las gracias a Pin, a mis hijos, a mis hermanos, a la gente que ha trabajado aquí. Y aproveché para decir que cuidasen el patrimonio que tenemos y que no se derriben edificios singulares. Unos nervios terribles delante de 500 personas. Me olvidé muchas cosas. Después, lo viví muy bien.
Ya jubilada, tanto de su labor docente, como de la posada, su hijo Millán lleva ahora las riendas pues, en la pandemia, se vino desde Segovia y pronunció una frase que marcó el relevo generacional: “Yo donde soy feliz es aquí”; y con la ayuda de Rony, siguen el proyecto que inició Pilar. “Me encanta que siga la posada y tener un hijo feliz. Lo lleva mejor que yo porque ha hecho turismo y es más profesional”. Ella aprendió poco a poco de un sector que no dominaba, pero su afición por viajar le hizo ver lo que a ella le gustaba encontrar: un sitio limpio donde la gente fuera educada y amable. “Además el edificio se vende solo”.
Los comentarios de las personas que se han alojado aquí son buenísimos, ¿Hay alguno que te haya llamado la atención?
Sobre todo los de los americanos que dicen que no se pueden creer que esto existiera en el siglo XI y XII. Uno me dijo: “Lloro, no me puedo explicar que esto exista”. Pero también aprendemos de la crítica constructiva.
¿Has tenido a alguien que se ha quedado en tu recuerdo?
Tengo a mucha gente porque he hecho amistad, sobre todo con gente de habla inglesa que querían saber cosas de sanidad, educación…no solo querían información turística sino charla. Nos visitan de muchos países: Sudáfrica, Australia, Japón, China…
Nunca se ha arrepentido de esta aventura. “He tenido mucha suerte, aunque la suerte hay que buscarla y mi ángel de la guarda es mi suerte y me sopla al oído”. Aunque su plan inicial era vivir en Londres, no cambia la vida en Sepúlveda por nada y vuelve a retomar sus amistades, ahora jubilada, porque antes nunca se atrevió a dejar la casa sola por si sus huéspedes la necesitaban o surgía algún problema. Ahora es dueña de su tiempo que vive en una casa que tiene mucha historia y a la que ha dado una vida de ensueño con final feliz.
Artículo escrito por Estrella Martín Francisco para El Nordeste de Segovia, septiembre de 2023

