Martes, 29 Septiembre 2026

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Las salidas de la Virgen de la Peña de su santuario en el siglo XX

Como si de dos alfareros se tratara, los ríos Duratón y Caslilla modelaron, lentamente, un paisaje sobre el que hoy emerge, en un emplazamiento privilegiado, la villa de Sepúlveda.

Quizá esta situación geográfica haya dotado a Sepúlveda de un carácter desigual al de la mayoría de lugares. Sin duda, Sepúlveda es diferente. Se aprecia a cada paso. Como botón de muestra, es sabido que, a distinción de otras localidades del entorno, la patrona de la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda, la Virgen de la Peña, no sale en procesión. Esta ceremonia religiosa se reserva para momentos especiales, en que se solicita la intercesión de la Virgen para librar al pueblo de pestes o sequías, o agradecer su ayuda al término de una guerra.

“De las salidas de la Virgen en procesión hay datos ciertos desde el año 1667 –se afirma en un artículo publicado en El Adelantado de Segovia el 11 de mayo de 1939-; bastante probables desde el 1500 y aún antes”. Del siglo XIX existe también abundante información, ahora recogida por la historiadora María Antonia Antoranz, sobre las numerosas salidas de la Virgen de la Peña de su románico templo. El siglo XX resultó más parco en salidas de la imagen. Hubieron de pasar casi cuatro décadas de la centuria hasta que la talla paseara por los rincones de la villa…

Domingo 21 de mayo de 1939. “Multitud de almas (…) alegres y llenas de fe vienen para acompañar a su patrona, la Virgen de la Peña. Gentes que no reparan en el sacrificio de largas jornadas, con todos sus inconvenientes, montadas en machos donde llevan pendones atravesados con la ilusión de lucirlos en la procesión (…) Ir y venir de gentes por calles y plazas. Alegres danzantes hacen gala de sus movimientos acompasados al son de dulzainas y tamboriles”.

Tres y media de la tarde. Una multitud –alrededor de 12.000 personas- espera la salida de la Virgen de la Peña de su santuario. Es lógica la expectación. Por primera vez en el siglo, la venerada imagen va a dejar brevemente su casa para recorrer las calles sepulvedanas. La iniciativa había partido de la Cofradía de la Virgen de la Peña y de la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda. Ambas instituciones solicitaron al obispo de Segovia permiso para sacar en procesión a la bella efigie. El final de la Guerra Civil justificaba la salida de la talla de su santuario.

“Calles estrechas, centenarias y tortuosas de la villa vuelven a sentir el paso de la Virgen –cuentan las crónicas-. Multitud de gente se estruja con delirio para llevar a su Virgen o (…) tocar sus andas, que donde tienen que ir cuatro se apiñan y van veinte. Toda previsión ordenadora fracasa; nadie quiere más puesto que al lado de la Virgen”.

El recorrido fue “el que en actas y estatutos consta desde el año 1500”, siendo el principal fin del mismo “que la patrona recorra todos los barrios de la villa o de vista a estos, mientras las campanas de sus cinco iglesias son lanzadas a voleo”.

Arcos de triunfo con hiedra y flores. Suena el toque de queda. Y la Virgen de la Peña es colocada en los cimientos del Castillo de Sepúlveda. Allí se canta la salve. Y continúa la procesión por el caserío sepulvedano, con vivas y aclamaciones. Hasta que la imagen regresa a su santuario. Se remata entonces la colocación de la patrona en su altar. Después, baile, amenizado por la banda de la Beneficencia provincial, alternándose con la de Sepúlveda. El cronista de El Adelantado, J.G. de B., asegura que tal día, el 21 de mayo de 1939, será “fecha que todos, mientras vivamos, tendremos grabada en nuestras mentes, y que muchas veces en el transcurso de la vida repetiremos con orgullo, y con emoción de haberla vivido se la relataremos a nuestros sucesores”.

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Habrían de pasar unos cuantos años hasta que la Virgen de la Peña pisara de nuevo las calles. Sería en 1954. En la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda nació la feliz idea de solemnizar el Año Mariano con la salida de su patrona. El Adelantado informaba, el 22 de mayo, que “El Caudillo (Francisco Franco) acepta la invitación para presidir los actos de mañana en Sepúlveda”, si bien delegaba en el gobernador civil de Segovia, Pascual Martín, quien aceptaba gustosamente la representación. Por su parte, el Centro Segoviano de Madrid desplazó hasta la villa de las siete puertas una nutrida representación.

El 23 de mayo, Sepúlveda amaneció lujosamente engalanada, luciendo colgaduras todos los balcones. A lo largo del trayecto que había de recorrer la procesión se levantaron arcos triunfales, con carteles donde aparecían frases de la salve. La Virgen de la Peña fue colocada bajo el arco de entrada de su santuario, en un artístico altar adornado con flores y luces. Sobre el arco se leía la siguiente inscripción: “La Comunidad de Sepúlveda a su excelsa patrona”.

A las 12,15 horas comenzó una misa solemne en el llamado campo de la Virgen, totalmente lleno de público. Acabada la ceremonia religiosa, en el Ayuntamiento se recibió a las autoridades, que fueron obsequiadas seguidamente con un almuerzo ofrecido por la Comunidad de Villa y Tierra y el propio municipio sepulvedano. A las cuatro y media de la tarde se organizó el magno cortejo procesional, en el que figuraban 45 estandartes de los pueblos de la comarca. En medio de un intenso entusiasmo, la procesión inició su recorrido por toda la villa. La Virgen de la Peña lucía manto de terciopelo verde bordado de oro.

“Al llegar la Santísima Virgen de la Peña a la Plaza Mayor de la villa, la imagen fue colocada en un artístico altar que allí se había levantado, y después se cantó la salve popular por el público que llenaba totalmente dicho lugar. Fue un momento de impresionante fervor” (…) “Después volvió a formarse el cortejo procesional, que recorrió las restantes calles de la villa, hasta volver a su santuario, donde nuevamente se cantó la salve popular”.

Tres décadas después, ya en los años 80, la Virgen de la Peña volvió a salir en procesión, dos veces, a consecuencia de las obras de restauración que se llevaron a cabo en su santuario. En 1985, la Cofradía de la Virgen de la Peña y la Comunidad de Villa y Tierra solicitaron, conjuntamente, el traslado de la imagen a la iglesia de San Bartolomé mientras duraran los trabajos. Y así se hizo. El traslado tuvo lugar el 23 de marzo. Como ya era tradición, los vecinos montaron arcos, adornados con hiedra y flores, por el recorrido de la procesión. Cada barrio decoró su arco “a su propio estilo y gusto”. El desfile, que abría la representación parroquial de Duratón, resultó muy vistoso y, al llegar a la iglesia de San Bartolomé “se formaron dos filas de pendones parroquiales rindiendo honores a la Virgen”.

Poco más de un año después, el 6 de julio de 1986, la Virgen de la Peña regresó a su casa, de nuevo con una afluencia masiva de público a la procesión, en la que no faltaron, una vez más, los arcos florales. En uno de ellos se colocaron unos pastorcillos, en una especie de cueva, y al paso de la Virgen recitaron unas poesías. En otro, unas niñas vestidas de ángeles, tras leer una oración pidiendo por la paz, soltaron unas palomas…

La última vez que la Virgen de la Peña salió de su templo fue en 1996. El 28 de septiembre de ese año, exactamente. Cerca de 5000 personas, pertenecientes en su mayoría a los pueblos que componen la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda, presenciaron la coronación canónica de la imagen. El acto se celebró en la explanada de santuario, con una eucaristía presidida por el obispo de Segovia, Luis Gutiérrez, y concelebrada por una treintena de sacerdotes.

La procesión por las calles tuvo el esplendor acostumbrado cada vez que la Virgen de la Peña pisa el suelo sepulvedano. La Banda de Música de la localidad acompañó durante todo el recorrido, en el que se pudo ver a numeroso público vestido con el traje regional. Uno de los momentos más emotivos de la jornada tuvo lugar al paso de la patrona por la Plaza de España, donde se pudo escuchar el toque de queda. Al regresar al santuario, se formaron dos filas con los 48 pendones parroquiales asistentes, para rendir homenaje a la Virgen. Y, finalmente, tuvo lugar la subasta de palos para introducir a la imagen en su santuario. Desde entonces hasta hoy han pasado 30 años, un lapso de tiempo suficientemente amplio como para que muchos estimaran que había llegado la hora de volver a ver a la Virgen de la Peña recorriendo la villa de Sepúlveda…

Guillermo Herrero Gómez