Artículo de Estrella Martín Francisco para la sección "Personas que cuentan".
Le encanta su trabajo y lo trasmite. Amante de la Fotografía de Naturaleza, lleva en la Casa del Parque, de forma continua, desde 2020 donde se reciben entre 22000 y 24000 visitas anuales procedentes principalmente de Madrid, Castilla y León, País Vasco y Castilla la Mancha. Le gusta innovar en su trabajo y está abierto a propuestas para utilizar este espacio de todos.
Nacido en Íscar, no tiene muy claro de dónde le viene su amor a la Naturaleza, pero durante nuestra charla, vamos encontrando semillitas que fueron germinando en él, poco a poco, a lo largo de su vida: un padre con el que compartía paseos en el campo mientras cazaba con su galgo, un tío materno que tenía pájaros y se los enseñaba o un profesor llamado Tarsicio, que les trajo de excursión a Sepúlveda “ Creo que hicimos la Senda de los Dos Ríos (aunque yo en ese momento no lo sabía), y estuvimos en la Fuente de la Salud”.
Todo fue prendiendo en él de forma casi inconsciente y le llevó a estudiar Formación Profesional en Forestales en el castillo de Turégano. Escogió las piraguas de las Hoces del Duratón para sus prácticas por la posibilidad que le ofrecían de trabajar en verano. “Nunca jamás había oído hablar de las Hoces. No lo haría muy mal y me quedé año y medio mientras preparaba la prueba de acceso y en Madrid hice el Grado Superior de Forestales. Como tenía contacto con ellos, si me necesitaban, me llamaban”.
¿Cómo y cuándo llegas a la Casa del Parque de Sepúlveda?
Mi pareja, aunque era de Cantalejo, vivía en Madrid. Estudié Fotografía, porque me encanta la Fotografía de la Naturaleza, y en 2017 emprendí como fotógrafo porque quería tener disponibilidad de tiempo. Hacía bodas, bautizos y comuniones. También echaba una mano en la Casa si hacía falta porque, para mí, era fácil como autónomo y era un complemento para lo que hacía con la Fotografía. Estaba Julio que terminó su contrato en 2019 y no renovó. Nos presentamos dos empresas y nos lo dieron a Fundación Patrimonio Natural y aquí estoy desde entonces. Empecé el uno de enero. Yo entonces vivía en Madrid. Ya tenía una niña y el fin de semana veníamos todos a la casa de Cantalejo y yo luego me venía entresemana. Pero en marzo, todos confinados. Fueron solo dos meses de trasiego porque terminamos viviendo en Cantalejo. Fue un mal comienzo, pero bueno porque me tiré a la piscina. Me apetecía, era algo que siempre me había llamado la atención. No fue una casualidad terminar aquí porque antes había estado en PRAE (Propuestas Ambientales Educativas) en Valladolid un año largo. No es fácil vivir del trabajo de una Casa del Parque porque no hay muchas ofertas. La transición fue muy sencilla porque yo ya tenía las llaves de antes y conocía el funcionamiento perfectamente.
¿Qué actividades ofrecéis?
La Casa tiene varias funciones, una de ellas es el ser el centro de información del Parque Natural: facilitamos mapas, recorridos y tramitamos permisos si hacen falta. Además, tenemos cuatro programas de Educación Ambiental dependiendo del destinatario: visitas guiadas gratuitas para centros escolares, desde infantiles a universidad. Vienen principalmente de Segovia, Burgos, Madrid; otra es espacios dorados para asociaciones de jubilados, similar pero adaptado; Accesible por Naturaleza es para personas que tengan alguna discapacidad y, finalmente, voluntariado ambiental que está dirigido a todo tipo de público y surge de propuestas o necesidades que vemos como limpieza de fuentes, cajas nido etc. O cualquier tipo de sugerencias; estamos abiertos. En Perorrubio, por ejemplo, plantamos árboles todos los años.
También tenemos, en el mes de julio, campamentos de verano a partir de cinco años. Este año lo hicimos conjuntamente con Vero y ampliamos el rango de edad a tres años y ha ido muy bien la experiencia conjunta.
¿Cuántas personas estáis habitualmente?
Depende de la época, pero da para uno y medio. No todos tienen contrato a jornada completa. Ahora está Yasmín. Estuvo fines de semana y va a las Hoces del Riaza. Está Gema, a veces Roberto y yo.
Cuando vienen visitantes, ¿qué es lo que más os piden?
Quieren saber cómo se puede visitar el Parque y qué recorridos se pueden hacer. Ha decaído la necesidad de información, pero como hace falta permiso, vienen, también ayuda el lugar privilegiado de su ubicación.
¿Qué es lo que más te gusta de esta Casa y qué necesidades hay?
Esta Casa probablemente sea de las cinco mejores de Castilla y León en cuanto a visitantes (tiene el doble de visitantes, por ejemplo, que la de las Hoces del río Riaza) No podemos competir con el Centro del Lobo Ibérico en la sierra de La Culebra, donde tienen lobos de verdad. Pocas Casas tienen el encanto que tiene esta. No lo digo yo, lo dicen los visitantes. La necrópolis es una de sus cosas más espectaculares. Si no fuera por el edificio, seguramente no tendríamos tantos visitantes, y hay Casas en sitios pintorescos.
Más que necesidad, uno de los objetivos que nos planteamos es que debería ser un lugar que la gente aproveche. Creo que no conseguimos llegar a la población local para que sienta este lugar como propio. Esto es de todos y queremos que vengan, tanto Sepúlveda como los pueblos dentro de la zona del Parque: El Villar de Sobrepeña, Carrascal, Sebúlcor y Villaseca. La gente tiene que aprovecharlo como recurso. Todo artesano curioso que haga algo tiene la Casa para exponerlo, o presentaciones de libros. Estamos abiertos a iniciativas, a darles visibilidad. Estamos encantadísimos de que vengan porque este espacio está para usarse.
Es un día de verano muy caluroso, pero disfrutamos de la climatización natural de esta antigua iglesia de Santiago donde está ubicada la Casa del Parque de las Hoces del Río Duratón y de ese silencio relajante. Álvaro se ha acercado a ella en su día libre y alguien se cuela y no se resiste a dar información y guiar, siempre con buen talante y una sonrisa. No puede negar que le encanta su trabajo. Le gustan las visitas, interpretar y dar a conocer, buscar y hacer cosas diferentes como proyectos con colegios sobre las Lagunas de Cantalejo y, de momento, no necesita llenar su vida con actividades de ocio. “No tengo necesidad de tiempo libre para hacer otras cosas, porque lo que me gusta lo hago trabajando. Haría más fotos, que ya no sé ni cómo se hacen”.
No se lo piensa cuando nos dice que el animal al que tiene más cariño es el buitre leonado, quizá por ese vuelo majestuoso y fácil en las corrientes o por esa envergadura impresionante. Ese mismo vuelo que él imagina emprender mientras descubre un mundo apasionante a los niños y adultos sin despegarse del suelo en uno de los edificios más llamativos de Sepúlveda.
Estrella Martín Francisco
