Artículo de Estrella Martín Francisco para la sección "Personas que cuentan".
Hay sabores a croquetas, morro, judiones, tortilla y muchos otros guardados en nuestra memoria, unidos a un lugar y buena compañía. Gracias al matrimonio formado por Perico y Julianita, pudimos disfrutarlos en el Figón Postigo que ellos crearon junto al Hostal Restaurante el Mirador del Caslilla. La memoria prodigiosa de esta mujer trabajadora enumera recuerdos y vivencias, pero sobre todo nombres de un pueblo al que ama.
Siempre que estás con ella, te sientes envuelta en su cariño y cercanía. Nacida en Sepúlveda, se fue a Madrid con seis años, aunque recuerda con nitidez momentos de esa etapa de su vida.
Su madre procedía de Pinto, donde su bisabuela fue maestra. Su abuela falleció joven y su madre estuvo de niñera con unos señores en esa localidad. En verano la llevaron a Sepúlveda y sirvió con doña Rosa Monte de doncella. Allí conoció a su padre, propietario de la empresa de coches Albarrán, y se casaron. “La guerra le pilló en zona nacional y coincidió con un capitán, que era de Cerezo de Arriba, muy buena persona, se hicieron muy amigos y le protegió mucho”. Nombra a sus hermanos: Nino, Dominguín, Maruja (que murió de pulmonía el mismo día que nació Chiqui) y Pili. Al terminar la guerra, se fueron a vivir a Madrid a la calle Espronceda 5 que es donde estaba la administración de los coches de línea.
¿Cuánto tiempo estuviste en Madrid?
Estuve hasta los 27 años que me casé. Allí estudié con Las Pastoras, luego Bachillerato, hasta cuarto de Cultura General, y Corte y Confección con Aurelia que era muy buena persona y tenía una academia. Me dieron el título y me guardaron plaza en el instituto Reus, pero surgió Perico… y me casé. Cuando me he enfadado con él, se lo he echado en cara muchas veces.
¿Cómo os hicisteis novios?
Mi marido era el mejor de la panda de Pastelillo. Yo le gustaba, pero él no me decía nada, solo me miraba y se ponía colorado porque era muy tímido. Se lo decía a su hermano pequeño que era más lanzado para que le ayudara. Un verano, el día de las Comisarias en San Miguel, me dijo que, si quería, iba a Madrid y se presentó el día de El Pilar. Fuimos a los toros, pero nos dieron las entradas separadas; un señor que nos miraba, nos las cambió para estar juntos.
Mi padre no le dejaba subir a casa hasta que no se casara. No se creía que iba en serio y a mí me tenía muy protegida porque era la mayor. Estuvimos un año de novios, aunque solo nos veíamos de vez en cuando, cuando él pasaba con el camión por Madrid, pero tenía muy claro que se quería casar.
Os casáis en Madrid y os vais a vivir a Sepúlveda, ¿cómo fue el cambio?
Lo pasé mal porque estaba sola, mi marido se iba con el camión a las ocho de la mañana, y yo estaba en la cocina con mi suegra, que tenían el restaurante El Pillete, y dormíamos en la parte de abajo. El primer año se me cayó el pelo. A mi hijo Peri lo tenía en la cocina en un moisés. Cuando me quedé embarazada otra vez, le dije a mi marido que quería tener mi casa.
¿Por qué abristeis un bar?
A mí me gustaba mucho la cocina y la señora Castora me dijo que por qué no abríamos un restaurante en el local que tenía Pedro Mata que a mí sí me lo alquilaban. Lo montamos y luego mi marido compró el terreno e hicimos el hostal, bar y restaurante en Santiago. Yo he sufrido lo que nadie sabe porque no lo necesitábamos y estuvimos diez años con la obra parada. Es verdad que entonces no había sitio de habitaciones en Sepúlveda nada más que Casa Paulino y La Parrilla, que nosotros nos encargamos de ella hasta que lo vendieron.
¿Dónde aprendiste a cocinar?
De mi madre aprendí a hacer las croquetas, morro, asadurilla, callos, judías, judiones… y el público te va diciendo.
¿Cómo te organizabas con un bar restaurante, un hostal, otro bar restaurante?
Teníamos ayuda de camareros y en la cocina. Mariano estuvo mucho tiempo con nosotros en el comedor y su mujer Angelines conmigo. Luego me ayudaban mis hijos los fines de semana. La cocina era pequeña y mira cómo tengo la mano del montacargas. Bajaba a las ocho de la mañana y dejaba todo preparado en El Postigo y a las doce me iba al hostal hasta que terminábamos. Ahora dicen que no pueden con nada, entonces podíamos con todo. En toros se me juntaban a los desayunos con las comidas y las comidas con las cenas.
No puede ocultar su admiración hacia sus hijos. Se emociona cuando recuerda el accidente de Peri con el triciclo y ella sola pues su marido estuvo quince días fuera. También se emociona cuando cuenta cómo su hija se sacó su carrera a pesar de sus problemas en la vista, con esfuerzo y constancia, y los talleres que dio de mimbre, en los que conoció a su marido.
No menciona los sacrificios, el trabajo diario, las dificultades ni los problemas Cuando se jubila a los 74 años ofrecen los negocios a sus hijos. Peri se queda con el Figón al que transforma en “La Taberna de Peri”. Mª Ángeles dijo que no al hostal. “Si es por mi marido, aquí estaba porque, a los dos días de conocerle, ya estaba en la cocina con mi madre y todos los fines de semana estábamos aquí metidos”.
Julianita siente auténtica devoción por su pueblo “A mí siempre me ha gustado todo de Sepúlveda: desde la Presa de Chiquete, donde aprendí a nadar, hasta la Fuente de la Salud. No me hubiera ido a Madrid a vivir y eso que tuvimos muy buena oportunidad de comprar un restaurante muy barato en la calle Ponzano”. Recuerda su pandilla de chicas porque no las dejaban alternar con chicos “Más adelante se fue normalizando: nosotras llevábamos la merienda y ellos el vino con gaseosa, pero respetándonos”. Como creyente y educada con monjas, San Miguel era su fiesta favorita, sin perderse una novena. Muy disfrutona, le ha gustado el bullicio de Los Toros y el baile, pero no en Madrid. “Me gustaba aquí, con los míos”.
A sus noventa y un años, sigue disfrutando de todo, especialmente de sus hijos, nietos y la cocina. Nosotros también saboreamos la compañía de madre e hija en un aperitivo en el que alargamos la vista sobre el paisaje sepulvedano y recordamos unos sabores que forman parte de la Historia reciente de Sepúlveda.
Estrella Martín Francisco
