Miércoles, 12 Agosto 2026

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Jesús García Cristóbal "Cascas", un carpintero musical con fotos antiguas diarias

Artículo de Estrella Martín Francisco para la sección "Personas que cuentan".

Hombre de pocas palabras, sus manos realizan numerosas tareas y su talento musical es indiscutible: alumno de dulzaina en el Conservatorio de Segovia con Joaquín González, y componente de la Agrupación Musical de Sepúlveda. Desde 2016, publica a diario una foto antigua de Sepúlveda y sobre todo ayuda a mantener vivo su pueblo del que conoce hasta el mínimo detalle.

A pesar de haber nacido en Segovia donde vivió algunos años y trabajó como albañil, prácticamente toda su vida ha estado en Sepúlveda. Tuvo razones poderosas para decidir establecerse aquí: su novia, que en su trabajo le trasladaban a León y que cerraron la empresa donde trabajaba su padre y decidieron montar una carpintería en Sepúlveda. Sus hermanos y él aprendieron viendo a su progenitor y en seguida dominaron el oficio.

¿Cómo ha cambiado la carpintería desde qué empezasteis?

Hacemos más o menos lo mismo, lo que pasa que antes hacíamos nosotros los muebles y ahora casi todo lo traemos hecho, solo hacemos alguna estantería o algún mueble a medida que no se encuentra en la fábrica. Casi todo nuestro trabajo es obra nueva y reforma: ventanas, escaleras, armarios... Empezamos con máquinas que tenía mi padre cuando cerraron y luego hemos ido comprando: una sierra de cinta, una labra (para labrar la madera), otra para desgrosar, la tupí para molduras…

¿Qué habilidades tiene que tener un carpintero y qué te resulta más difícil?

Tengo facilidad para hacer cosas con las manos, me sale solo, pero hay que tener las ideas claras, porque va todo al milímetro: tableros, hacer el despiece…Lo más difícil es llevar las cosas en Sepúlveda, subir y bajar con todo porque no puedes ir con el coche a la puerta de los sitios.

¿Qué madera utilizáis y para qué?

Aquí, casi todo es pino. Ahora se está empezando a meter iroko, que es una madera tropical que aguanta bastante bien el exterior. El pino es un poco blando y, si no le tratas todos los años, se te va la carpintería enseguida. El pino de Valsaín es el mejor para muebles porque tiene poco nudo y es blandito.

Pablo Alonso realizó tres años un concurso interactivo de fotos de Sepúlveda y los ganaste los tres con mucha diferencia demostrando un conocimiento sin límites sobre tu pueblo.

He callejeado mucho y tengo el defecto que me fijo en todos los detalles: piedras, árboles, posibles lugares de localización… Tengo libros antiguos, siempre me han interesado y gustado las cosas de Sepúlveda y he leído bastante porque toda mi familia es de aquí: Los Cascas y los Escoberos son de aquí de toda la vida.

Otra cosa en la que destacas es en tocar la dulzaina, ¿cómo llega ese instrumento a tu vida?

Desde pequeño me ha gustado la música. Si me querías encontrar en fiestas, siempre estaba detrás de la orquesta de la plaza, de la banda o del tío Isaac, a ver si me dejaba tocar el bombo. Me gustaba la percusión y, cuando pusieron la Escuela de Dulzaina aquí en el 82, me apunté. Venía Joaquín González dos veces al mes y Demetrio García todas las semanas. Estuve 3 años. Luego me fui a trabajar a Segovia y fui al conservatorio, a la misma clase que Fernando Ortiz, Zamarrón y Zapatones. Buenos ratos pasábamos abajo, cuando salíamos de clase, en el bar que había.

¿Qué te atrae de la dulzaina como instrumento y dónde tocas?

Es muy versátil, puedes tocar lo que quieras, aunque a la gente le parece muy estridente. Tocamos en Sepúlveda y en casi todos los pueblos de alrededor. Al primer pueblo donde fuimos fue Duratón. Avisamos que solo nos sabíamos dos jotas y las repetíamos. Venía conmigo Sergio Pleite que tenía 8 años y era más grande la caja que él. La gente bailó y se lo pasó bien, pues ya está.

También perteneces a la Agrupación Musical de Sepúlveda, ¿qué tocas?

Empecé con la trompeta y ahora estoy con la tuba. Elegí la trompeta porque con la charanga de las Cadenas compré una y aprendí por mi cuenta, como sabía solfeo por la dulzaina… Pero había 12 o 14 en la Agrupación, tuvimos la posibilidad de comprar una tuba a buen precio y la toqué yo. Estamos intentando que no se pierda porque de 100 componentes hemos quedado 14 o 15. Cuando empezó la agrupación, todos los que nos metimos, llevábamos a nuestros hijos, pero ahora no hay niños, y de los antiguos quedamos, Ismael, Cesto, Kiki y yo. Ensayamos los sábados tres horas. Ahora estamos preparando los temas para las fiestas: pasodobles y música de todo tipo. Si no tenemos todos los instrumentos, uno del saxo coge el papel del trombón, por ejemplo, para poder ensayar. Lo bueno que coges mucha facilidad para leer. Somos una asociación, pagamos una cuota, hay muchos que pagan y no vienen porque no pueden. No tenemos subvenciones, el local es municipal, pero nosotros lo acondicionamos y pagamos la obra, también al profesor.

¿Dónde actuáis?

Aparte de los tres toques en Sepúlveda, estamos metidos en el programa de la Diputación de Segovia y actuamos en varios pueblos de la provincia, donde siempre nos reciben con mucho cariño y nos aplauden mucho. Da gusto. Hemos tocado en el Juan Bravo en Segovia con la Banda del Espinar y la de Coca. Éramos la banda más pequeña y la que más gustó. Fuimos a la Paloma y tocamos un chotis que les encantó.

Eres parte activa de Arco de la Villa, Las Cadenas, Encierros Infantiles… cuéntanos

Con 12 o 14 años entré en la Peña de las Cadenas. Todos los años maquinamos algo. En cuanto los ideólogos tienen una idea, nos ponemos a ello. Me gusta hacer pero no ponerme en primera fila. En Carnaval era costumbre sacar una vaquilla y un año hicimos una con la carretilla de Felipe y nos metíamos por las callejas a asustar a la gente. Luego hicimos un toro y duró solo ese año. De ahí, empezamos los Encierros Infantiles que tienen más gente que los de verdad.

No sabemos cómo, pero le queda tiempo para otra de sus aficiones, junto a su mujer: los bailes de salón. Hace unos 20 años empezaron con clases en La Violeta. Actualmente van a la Casa Cuna con un profesor de Madrid, aunque echan de menos un lugar donde poder practicar.

También saca tiempo para seleccionar cada día una foto antigua sobre su pueblo que sube a las redes sociales: “Empecé hace unos ocho años y tengo revolucionada a la gente mayor buscando fotos. Cada día subo una distinta y están encantados”.

Charlamos con gusto con Jesús y Mary, pareja acogedora y entrañable. Los dos siempre tuvieron claro que querían vivir en Sepúlveda, pero sienten que cada vez son menos habitantes. Añoran cuando su hijo era pequeño porque había niños y padres que consiguieron que tuvieran de todo: música, judo, escuela deportiva, inglés… De estas y otras cosas hablamos en la casa imponente donde viven, hecha en su totalidad por este hombre de pocas palabras, pero un virtuoso con las manos, que desprende humildad y simpatía a partes iguales.

 

Estrella Martín Francisco