El autor de “Mi guitarra y vos” se presenta el 24 y 25 de septiembre en el Teatro Caupolicán. Pero antes se ha refugiado en la montaña. Desde la amurallada Sepúlveda de España y al son de 32 campanadas, el artista habla de “Amar la trama” más que el desenlace, de banderas mal entendidas, terremotos y toques de queda que acarician.

“Una bolsa de leche encallada en la arena, / un murmullo azul como un cascabel, / un viento salado que se mete en las venas, /una algarabía estira, estira la piel”.
Los versos pertenecen a “Cerca del mar” y suenan en un camerino de Montevideo donde Sabina fuma descalzo. “¿La puedes repetir?”, ruega cautivado. Y la canción vuelve a galopar en la guitarra de palo del telonero uruguayo.
Es diciembre de 1994. El estribillo lo entonan juntos pero por diversos escenarios de España.
A ese signo sutil del destino se refiere Jorge Drexler en “Una canción me trajo hasta aquí”, tema incluido en su último y décimo disco “Amar la trama”, el cual presentará en vivo el 24 y 25 de septiembre a las 21 horas en el Teatro Caupolicán.
El álbum contempla además un DVD con el documental “La trama circular”, donde el director argentino Ariel Hassan capta la grabación de un artista que está lejos de ese joven que presentaba sus letras como un desconocido tras bambalinas, pero que conserva el asombro.
“Recuerdo que Joaquín me invitó porque no había podido escuchar el show. Y que por la mitad me dijo ‘te vienes de gira conmigo’. Esa canción y otras se las toqué después a Víctor Manuel u Omara Portuondo. Son ellas las que me hicieron cambiar de rumbo”, dice Drexler mientras bebe un mate en la montaña al norte de Madrid.
Porque fue después de esa gira con Sabina que también dejó su Uruguay natal y se radicó en el país de los toros.
Como quien lanza una moneda al aire, el cancionista cree más en la duda que en la certeza. Y por eso la experimentación en los sonidos y esa preferencia por oscilar. No sólo por vitrolas y salvapantallas.
Hoy, en lugar de envolver con electrónica sus canciones como en sus anteriores cuatro discos, presenta un trabajo grabado sin claqueta, en vivo y en base a vientos.
“Es un disco basado en la interacción humana que no tiene nada ver con el collage digital. Sí con el trombón, la trompeta, el saxo barítono y tenor y las marimbas que nunca antes había utilizado y que todo el mundo grabó a la vez. El show en vivo está montado igual al disco. Hasta las antiguas canciones pasan a ese formato de orquesta”, adelanta mientras contempla el cañón profundo del río Duratón.
EL DÍA EN QUE CHILE LLORÓ
De boca en boca, de blog a blog, las vías de difusión de las canciones del uruguayo han sido curiosas. Desde el Óscar ganado por “Al otro lado del río”, banda sonora de la película “Diarios de motocicleta”, hasta comerciales de pollo.
“Mientras no sea un fabricante de armas o de tabaco con los que no trabajo, todo bien”, ríe. Y señala que con “Amar la trama” quiso romper con el movimiento natural de las prisas. “A veces tejemos una vida llena de planificaciones de futuro cuando en realidad lo único asible es el instante. Yo espero que las personas no sólo nos despertemos por el drama”, revela. Aunque su disco suene como domingo por llover.
Dulce tristeza convertida en décima que a Isabel Parra sedujo a tal punto que considera a Drexler como uno de los artistas que cada veinte años le ha hecho preguntarse qué diablos es la música.
Según la hija de Violeta, primero fue Silvio Rodríguez, luego Gustavo Cerati, y hoy el uruguayo que musicalizó poemas de Neruda como “Oda al tomate” en su disco “Eco”. “Pero qué honor. Qué generosa. Me siento muy honrado por esa responsabilidad”, confiesa el compositor que dedicó unos versos a nuestro país terremoteado, los cuales no descarta incluir de alguna manera en sus próximos conciertos.
“Quien en Chile un día vibró, /tiembla cuando Chile tiembla”, reza su podcast.
“Chile está lejos de todo. Funciona como una isla entre la cordillera más extensa del mundo y el océano más peligroso de todos. Es un país muy peculiar por su estructura geográfica. Yo tengo la suerte de encontrarme dentro de las cosas que los chilenos eligen y que son tan diferentes a las del resto del universo”, dice Drexler.
-Pero Chile se parece más a Estados Unidos que a sí mismo.
-Todos nos parecemos a Estados Unidos, pero a pesar de eso, sus gustos viven en un aislamiento particular. Hay una frase de Caetano que me parece genial: “Chile es tan diferente a todo que hace que Brasil y Argentina sean parecidos”. Desde adentro siempre es más crítica la visión. Pero es bueno salir y ver la admiración que generó, por ejemplo, la solidaridad posterremoto.
SIN DIOS NI REVOLUCIÓN
“¿Cómo te va con Medioriente?”, le dice Sabina a Drexler en un bar de Madrid. La aparición del flaco de Úbeda es otro signo sutil del destino, porque al uruguayo que vivió en Israel, hijo de padre judío alemán que arrancó del Holocausto, cada bomba que explota en esas remotas tierras le duele como dos.
En plena composición de su álbum “Eco” en 2003 siente que debe decir algo, pero no encuentras las palabras. “Tengo un estribillo para ti: “Yo soy un moro judío que vive con los cristianos. No sé que Dios es el mío ni cuáles son mis hermanos”, le suelta la voz aguardientosa en medio de sangrías. La frase de Chicho Sánchez Ferlosio se convierte en una milonga, tal vez la letra más política de Drexler, donde éste sentencia que “no hay una piedra en el mundo que valga lo que una vida”.
“El devenir del tiempo va dándole cada vez más importancia a la canción lamentablemente. Porque preferiría que las cosas se hubieran arreglado. Yo sigo compartiendo la actitud de ponerse en lugar del otro, la compasión.
Todos los esfuerzos que no tengan en cuenta eso no van a ningún lado. No creo en el Dios de Hamas ni en el de los judíos ortodoxos. No entiendo al Dios despótico ni al que hace una oda al martirologio y te entrega infinitas vírgenes en el otro mundo para hacer algo que en éste, teóricamente está prohibido”, afirma Drexler.
Con el mismo énfasis el músico considera que una revolución no vale lo que las libertades individuales. Nacido el 21 de septiembre de 1964 en Montevideo, se crió en dictadura de los 9 a los 20 años.
“Más allá de todos los logros innegables de la revolución cubana, no soporto un mundo donde uno no pueda dar su opinión libremente porque viví en él. Y no es una minucia burguesa menor la libertad de expresión, es un detalle esencial de las conquistas del ser humano”, explica el hombre que defiende también la alternancia de poder en Chile.
“Soy un gran admirador de la democracia. En Uruguay me puse contentísimo cuando ganó el Frente Amplio. Pero si éste hubiera seguido en el poder no sería bueno. Tienen que haber diferentes voces. Y Cuba tiene ese problema. Me parece que ha ido mucho más allá de un cambio con intención de disolver las injusticias sociales”, agrega mientras los liberados presos políticos de Fidel se refugian en los barrios de España.
NOSTALGIA
Milonga, candombe, bossa nova, tango y balada. Drexler es un ciudadano del mundo que ha fundido los géneros con traqueteos de tren, sonidos de despegue de avión, bocinas de bicicletas antiguas o cajas musicales para hablar de soledades, big bangs e instantes pasajeros que intenta atrapar con pulso de malabarista entre las cuerdas de su guitarra.
En “Amar la trama” también hay una canción titulada “Talón de Aquiles” y Drexler confiesa que el suyo es la nostalgia.
“Cuando uno escribe lo hace como un mecanismo, como una herramienta, un inductor de algo. Yo escribo para exorcizar la melancolía. Como dice Caetano en ‘Desde que samba he samba’: ‘cantando mando la tristeza fuera’. Puede que la vida no se ponga mejor que esto pero lo que hay es suficiente”, revela quien tomó conciencia de la fragilidad en los pasillos de un hospital donde se desempeñó hasta el año 92, instante en que la música se convirtió en un llamado demasiado fuerte para Drexler, dejó todo y sacó su primer disco: “La luz que sabe rodar”.
“Vengo de una familia de médicos donde la vida es tratada con mucha conciencia de la precariedad. Creo que eso es lo que más me quedó de los 10 años que tuve relación con la medicina: la sensación del milagro increíble que es, que en este momento, mientras tú y yo hablamos, todos nuestros sistemas orgánicos estén sincronizados en sí mismos y estén venciendo de manera descarada todas las leyes de la entropía que es donde acaba tendiendo todo. Somos pequeños fogonazos en la oscuridad”.
Ni santos ni estados de gracia permanentes. A Drexler le bastan las bellas sincronías de las que hablaba Borges. “No creo en las cosas ganadas. Incluso después de muerto me gustaría seguir cambiando”, señala como un funámbulo el compositor que sonará en pantalla grande otra vez, cuando James Ivory (“Lo que queda del día”), estrene la película “The city of your final destination”, protagonizada por Anthony Hopkins. Basada en una novela homónima de Peter Cameron, cuenta la historia de un estudiante iraní que debe viajar a América Latina. Asimismo el cantautor ha escrito un tema para la producción española “Lope”, de Andrucha Waddington sobre Lope de Vega.
“Hay dos cosas con las que me comprometo cuando me pongo a trabajar: la conexión entre lo que siento y vuelco en el papel. Y la búsqueda de la belleza que siempre es caprichosa. No sólo es un paisaje bonito, de pronto son dos sonidos muy estridentes que se complementan, la asimetría”, piensa en voz alta mientras cae la noche y las montañas adquieren color púrpura. Lejos del mar esta vez, Drexler acaba el mate. Y espera, sin prisa, las 32 campanadas.
Fuente de la noticia: La Nación (ww.lanacion.cl ) 12 de Septiembre 2010

