Eso decía el titular del ABC: “Aferrados a nuestros valores”. El artículo iba acompañado de una serie de estadísticas artísticamente expuestas en un costado de la página.

Mujeres de Sepúlveda. Óleo de Ignacio Zuloaga y Zabaleta, en pintura.aut.org
Mi corazón dio un salto: el periódico recogía en doble portada la victoria española en el mundial, así que la buena noticia que se anunciaba bajo el ya citado título era como la guinda del pastel. “Caramba - me dije - o sea que la cosa está cambiando y por fin vamos mejorando en lo esencial.”
Las ilustraciones del borde resumían el trabajo agrupando a los españoles en cuatro tipos paradigmáticos: el del ciudadano integrado, el del egoísta militante o ventajista, el del transgresor desencantado de izquierdas, y el asocial. Así que ciudadanos “integrados” son sólo el 47,5 por ciento y, además, están entre los 55 y 64 años de edad. ¡Y los demás son o egoístas militantes o ventajistas, o transgresores y desencantados, o simplemente asociales! Pues sí que empezamos bien…
Sigo adelante intentando ver dónde han encontrado esos valores a los que, al parecer, nos mantenemos aferrados. Pues parece que se trata de que los españoles seguimos valorando la familia; será por eso por lo que intentan cambiárnosla, pienso yo. Pero en fin, es buena cosa que la institución familiar siga teniendo presencia fundamental en el corazón de la mayoría de nuestros compatriotas. “Y ¿cómo no va a ser así, digo yo, si hay por lo menos cuatro millones y medio de españoles parados que dependen del apoyo de sus padres o de sus hijos para subsistir?”
Y con la familia - nos dicen – están también la salud y los amigos. Eso está bien; la salud es el nivel cero para la felicidad, y además nos la están mejorando con lo del tabaco. Por otra parte, ya hemos oído repetir hasta la saciedad aquello de “éste es muy amigo de sus amigos”, cosa por otra parte lógica puesto que lo raro, en tanto que contradictorio, sería ser enemigo de los amigos.
En cuanto a actitudes, el estudio nos revela que ahora somos “más tolerantes con….” Y claro, me echo a temblar porque, como es sabido, lo que se aplaude hoy en España es la tolerancia con el mal. Y, en efecto, resulta que ya no nos importa tanto lo de cargarnos a los pequeños indefensos, probablemente porque carecen de abogados defensores, que ahora ya ni los necesitan sus madres para quitarse a los hijos de encima. Ay, aquella noche, y los calimochos, y lo bueno que estaba el tío… Y lo caros que están los pañales. Tampoco nos importa tanto lo de cargarnos a los viejos, que algunos están tan allá que hasta lo piden ellos mismos… Al fin y al cabo, ¿que aportan salvo en consumo de medicinas? Y eso es una carga para la seguridad social…
Pero en una cosa somos más estrictos, y éste sí que es un asunto moral: ahora consideramos inadmisible fumar en edificios públicos. Así que protegeremos al nasciturus de los humos maléficos a menos que la madre decida sencillamente apuntillarle. Evidentemente estamos progresando, y éste podría ser el motivo del titular.
¡Ah sí! Aquí vienen los valores. Veamos. Los que más valora nuestra juventud es lo que era de esperar: “vivir sin pensar en el mañana”, arriesgarse por cosas nuevas”, “tener muchos amigos” - una vez más -, y claro está, “disponer de mucho tiempo de ocio”. ¡Ole por los valores, fruto de la práctica diaria de la virtud!
El artículo nos orienta al respecto. Resulta que la sociedad española está atravesando un proceso de “juvenilización”. Todo el mundo desea ser joven, y por consiguiente, estos valores tan bellos y ejemplares están impregnando también a los adultos… Pues que no se enteren los alemanes, porque con ese afán por disponer de más ocio ampliando el fin de semana al jueves por la noche no creo que lleguemos a mejorar en competitividad.
Otro valor, éste muy compartido, es, según el estudio, el trabajo, y por lo dicho supongo que se referirán a él como pura fuente de ingresos, puesto que valor en sí no debe tener demasiado ya que pretenden reducirlo al máximo para ganar en horas de descanso y diversión.
En fin, que ando hecho un lío con todo esto sin llegar a entender a que se refería el titular, cuando ya muy al final me revelan cuáles son los farolillos rojos de la lista de “valores” aceptados por nuestros compatriotas, y éstos son la política y la religión. Desde luego la política ha hecho muchos méritos para conseguir el puesto. Pero ¿la religión? Y digo yo que si hablamos de valores… Bueno, ya dijo alguien que iba a ocuparse de que a España no la conociese ni la madre que la parió.
O sea, que no entiendo a qué viene lo de “Aferrados a nuestros valores”, “Nuestros valores” serán los de siempre, ya que así los adjetivamos. Porque para mí los valores y las virtudes pertenecen al terreno de lo moral, y si nos aferramos a ellos es porque no queremos que se escapen o que nos los cambien por otros. Y “nuestros valores” son los de nuestra civilización, o sea aquellos que trascienden de la moral cristiana. Así que habría sido bastante más propio y exacto que, en vez de “Aferrados a nuestros valores”, el titular dijera, por ejemplo: “En trance de perder nuestros valores”. Así entenderíamos mejor los resultados de la encuesta, ¿no les parece? Y luego, claro, nos echaríamos inmediatamente a llorar por el futuro de nuestros hijos.
Fuente de la noticia: http://blogs.periodistadigital.com

