La ‘fiesta del diablillo’ se celebra en Sepúlveda, desde tiempo inmemorial, la noche del 23 de agosto, víspera del día de San Bartolomé. A las diez de la noche, un grupo de ‘diablillos’ con indumentaria de color rojo “sale” de una hoguera, situada a la entrada de la iglesia de San Bartolomé, llegando a la Plaza de España, totalmente a oscuras, en la que durante cerca de media hora reparten escobazos entre la multitud congregada. Luego, los ‘diablillos’ vuelven a subir hasta la iglesia, porque se supone que el santo “vuelve a atarles”. El origen de tal rito puede estar en un episodio narrado en la biografía de San Bartolomé que cuenta que, en una ocasión, fue mandado llamar por un poderoso rey para que sanara a su hija, endemoniada, a la que ataban con cadenas. Al verla, el santo pidió que fuera librada de ellas, asegurando que él ya había atado al demonio que dominaba a la princesa. Tras desatar los criados a la joven, quedó curada al instante.
Una creencia popular sepulvedana cree que hay una noche al año, la del 23 de agosto, en la que el apóstol suelta al diablo de las cadenas que le atan, sucediéndose entonces el rito de los ‘diablillos’, considerado por los propios vecinos de la villa como “muy antiguo”, y casi sin paralelos en el resto de España, a excepción de la localidad de Jerez de los Caballeros (Badajoz), donde tiene lugar un festejo relativamente similar al de la villa segoviana.
El Ayuntamiento de Sepúlveda ha solicitado a la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta la declaración de la ‘fiesta del diablillo’ como de Interés Turístico Regional, al considerar que reúne todos los requisitos establecidos en la orden reguladora de este tipo de festejos (Orden de 14 de marzo de 1995, de la Consejería de Cultura y Turismo –Bocyl nº58, de 24 de marzo de 1995).
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