Una mujer de Segovia localiza a sus dos hermanastros y consigue reunirse con uno de ellos, ya que el otro falleció hace nueve meses.
Dolores López nació en Pilar de la Horadada (Alicante) hace 75 años. A los cinco meses se quedó huérfana de madre, con lo que inició así la pérdida de sus seres queridos más próximos. Su padre contrajo nuevas nupcias y tuvo dos hermanastros: Eleuterio y José López Martínez. Era una familia tan humilde y ninguno de los tres pudo aprender a leer ni a escribir.
Tras pasar por una casa de acogida, Lola se marchó a trabajar a Madrid como sirvienta con una familia que tenía una finca en Duratón, un pequeño pueblo situado en una de las zonas más deprimidas de la provincia de Segovia. En esta localidad conoció a su marido, Pablo del Barrio. Ambos tuvieron dos hijos: Pablo y Miguel, que con los años emigraron a la capital segoviana.
En la ciudad del acueducto, la nuera de la ya anciana Dolores seconmovió tanto por el hecho de que su suegra no supiera nada de sus hermanastros, que se empeñó en rehacer su historia y tratar de juntarlos. Y le no resultó fácil. Esta empecinada mujer, Brigi Herrero, y su marido, el hijo de Dolores, tuvieron que hacer muchos esfuerzos y dedicar mucho tiempo para telefonear a viviendas de desconocidos, a ayuntamientos, a bares. Tuvieron que enfrentarse a la incomprensión, a la incredulidad y a la insensibilidad de muchas personas a las que preguntaban partiendo de un apellido tan común como López y un pueblo alicantino, Pilar de la Horadada.
En esta incursión llegaron a otro pueblo del levante español, Orihuela, situado a más de 40 kilómetros de donde habían nacido hace 75 años Dolores López y sus hermanastros. Aquí por fin una mujer escuchó a Brigi Herrero. «Nunca agradeceré lo que me ayudó Berta Carrillo, que se tomó la molestia en atenderme, cuando todo el mundo pasaba de mí», recuerda.
Visita emocionante. Entre ambas prepararon una visita al pueblo natal de Dolores, para que ésta pudiera conocer a sus hermanos de los que se separó en tiempos de la República. Sin que la anciana supiera lo que iba a acontecer la trasladaron a su pueblo natal. El encuentro fue una auténtica sorpresa, pues la esperaban sus familiares recién descubiertos. A la recepción se sumaron numerosos vecinos enterados del hallazgo y otras gentes de la comarca. «Fue emocionante», recuerdan.
Tan sólo había una ausencia: el mayor de los dos hermanos de Dolores, Eleuterio, fallecido nueve meses antes, y también su hijo.
Quizá de haberse producido antes este encuentro familiar podría haber estado completa la unidad familiar que existió, brevemente, hace décadas. Aún así la alegría fue inmensa. Y a todos les habría gustado compartirla en familia estas navidades, pero no resultó posible dada la cercanía del fallecimiento de uno de los tres hermanos.
Fuente de la noticia: Diario de Burgos, 08 de Enero de 2010

