Sábado, 03 Octubre 2026

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El legado Artigas

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San Quirce digitaliza y restaura una colección de 67 negativos en placas de vidrio, fechados entre 1900 y 1910, con imágenes de Segovia y su provincia, la mitad inéditas, donadas a la Academia por la familia del matemático y fotógrafo aficionado.

Al académico de San Quirce, Diego Conte, no le resulta fácil elegir su favorita entre toda la colección. Finalmente se decanta por aquella que el matemático y fotógrafo aficionado, Pelayo Artigas y Corominas, captó, desde un balcón, en 1905, y que muestra el bullicio de la Plaza Mayor de Sepúlveda, en un día de mercado.

Conte, de raíces sepulvedanas, llama la atención sobre la calidad de la instantánea y de cómo en la imagen llegan incluso a apreciarse los productos a la venta en los puestos y, por supuesto, la singular vestimenta de los vecinos a principios del pasado siglo XX, lo que constituye, afirma el académico, “un documento muy interesante para posibles investigaciones de un etnógrafo”.

Conte exhibe hoy esta extraordinaria imagen de Sepúlveda en una pantalla de ordenador. Sin embargo, hasta no hace mucho, menos de dos años, la singular instantánea era tan solo una placa; un negativo sobre vidrio, de acuerdo con las técnicas fotográficas de principios de siglo, que permanecía, junto con otros, guardados en un cajón. El académico ha sido el responsable, por encargo de la Academia de Historia y Arte de San Quirce, de digitalizar y positivar, con procesos informáticos, un total de 67 negativos en vidrio. Se trata de la colección donada a la Academia por los herederos de Pelayo Artigas y Corominas (1875-1933), un segoviano, cronista de la villa de Ayllón, que fue catedrático de matemáticas en Segovia, auténtico apasionado del arte y el patrimonio y de la entonces , aún incipiente, técnica de la fotografía.

Fue hace casi dos años cuando Pelayo del Riego Artigas, descendiente del cronista, se reunió en Madrid con los responsables de la Academia, entonces bajo la dirección de Antonio Ruiz, para entregarles, como donación, las placas, tanto para su conservación como para su estudio y divulgación.

La mayoría de las casi 70 placas son de pequeñas dimensiones, de 9X12, aunque también hay media docena de un formato mayor (18x13). Fechadas entre los años 1900 y 1910, Artigas utilizó la técnica más avanzada para la época, lo que redunda en la calidad de los negativos, que se encuentran en un razonable estado de conservación, según Conte.

Son placas al gelatino-bromuro, un procedimiento fotográfico creado en el año 1871 por R. L. Maddox y mejorado en el año 1878 gracias a los trabajos de Charles E. Bennett que acabó desplazando al colodión húmedo, a partir del año 1882. A diferencia de los primeros fotógrafos del XIX, que precisaban ir acompañados de carromatos para procesar in situ y de manera inmediata la imagen, Artigas trabajó con cierta comodidad, ya que podía captar la foto y guardar la placa, sin tener que mantenerla húmeda en todo momento.

Con independencia de la alta calidad que presentan los negativos, gracias al procedimiento empleado, el valor de la colección reside en que casi la mitad de las imágenes, según la investigación realizada hasta el momento por Conte, son inéditas.

Ciertamente, algunas de las fotografías del ‘legado de Artigas”, ahora en manos de San Quirce, fueron publicadas a principios del siglo XX para ilustrar los escritos de Artigas, especialmente en semanarios de divulgación, caso de la revista “Alrededor del mundo”, un semanario que se editaba en Madrid.

Además, de forma mucho más reciente, también el libro que publicó la propia Academia en homenaje a Pelayo Artigas y Corominas, en 1992, ilustra sus textos con algunas de las fotografías captadas por el matemático.

En realidad, algunas de las imágenes de aquel libro-homenaje “Ayllón en la historia” se corresponden con placas que durante décadas conservó la familia. Sin embargo, otras fotografías recogidas en aquella obra de 1992 son meras reproducciones de imágenes publicadas, cuyas placas originales están en paradero desconocido o, simplemente, ya no existen.

En la colección que tenía en su poder los herederos y donaron a la Academia existen imágenes que nunca han sido publicadas y que, son, por tanto, totalmente inéditas, según sospecha Conte.

Así, por ejemplo, del mercado de Sepúlveda hay dos instantáneas, la reproducción que se publicó en el libro editado en 1992, y la que ahora ha sido descubierta, con una perspectiva de la plazuela distinta, gracias al hallazgo de la placa original. Ocurre lo mismo con otra imagen de Riaza. En el libro hay una imagen de Artigas de la calle Cervantes de este pueblo que no se corresponde con la placa de vidrio que existe en la colección investigada por Conde. Quizá sea la misma calle, aunque son dos fotografías distintas.

El ‘legado Artigas’, como así lo denomina el académico encargado de la digitalización y procesado de los negativos, contiene imágenes, principalmente, de Sepúlveda y Ayllón, que Conte sitúa en el año 1905 y de Segovia, de sus calles y monumentos, sin fecha exacta, en una amplia horquilla, de 1900 a 1910.

Espectaculares son la fotografías que Artigas captó del entramado urbano desde la torre de la Catedral, o las que muestran el Acueducto, desde el Postigo del Consuelo, donde se aprecia la espadaña del antiguo Convento de San Francisco; o los postes del tendido eléctrico apoyados sobre los pilares del monumento y los cables a la vista, atravesándolo.

También hay imágenes del Alcázar, de la iglesia de San Juan de los Caballeros y de las iglesias de San Pedro de los Picos, de San Martín y San Lorenzo. Mención especial merece la imagen de una calle de San Francisco en obras, donde se aprecia también un toldo singular de un comercio; o las captadas del Monasterio de Santa María del Parral, del interior y exterior, con una calidad sorprendente.

La presencia de personas en las fotografías supone un valor añadido. “Parece que buscaba humanizar las fotografías mediante la presencia de personas”, explica el académico, que señala cómo Artigas gustaba de colocar niños junto a los monumentos.

Fuente de la noticia: El Adelantado de Segovia, 20 de abril de 2016