La villa y su Comunidad de Villa y Tierra vivieron con entusiasmo la primera procesión con la imagen en el siglo XXI
Cuando Sepúlveda se pone guapa, está preciosa. Este sábado fue uno de esos días. El motivo por el que la villa se vistió de gala era la conmemoración del trigésimo aniversario de la coronación de la Virgen de la Peña. Desde entonces, en 1996, la patrona de Sepúlveda y su Comunidad de Villa y Tierra no había salido en procesión. Era, por tanto, una jornada de fiesta. Y así se vivió por los sepulvedanos y los numerosos hijos de esos casi 50 pueblos que forman parte de su Comunidad de Villa y Tierra que no quisieron perderse la cita.
En la eucaristía celebrada en el llamado campo de la Virgen de la Peña, al exterior de su santuario, el obispo de Segovia, Jesús Vidal, defendió que la coronación de la imagen fue “el reflejo de la devoción de un pueblo”, añadiendo que si ayer se conmemoraba tal efeméride era porque “María sigue siendo nuestra reina”. “La Virgen de la Peña nos une como hermanos”, recalcó.
Acabada la ceremonia, se desarrolló una hermosísima procesión por las principales calles del pueblo. De inicio, la imagen fue llevada en andas por miembros de la corporación y representantes de la Comunidad de Villa y Tierra, si bien luego pudieron portar los palos aquellos devotos que lo desearon. Por barrios, los sepulvedanos habían elaborado unos bellos arcos florales bajo los que pasó su patrona. En no pocos balcones se habían colgado las mejores colchas de la casa. A cada rato, desde alguna ventana se lanzaban pétalos… Muchos viejos arcones fueron abiertos en busca de mantones de Manila, que este sábado se convirtieron en una de las prendas más elegidas por las mujeres de la villa. Y la música de dulzaina y el tamboril amenizaba el recorrido. En la Barbacana se leía en un cartel: “Gracias Señora por tus inmensos favores”. No faltaba detalle en Sepúlveda.
Uno de los momentos más emotivos tuvo lugar cuando la Virgen de la Peña llegó a la Plaza de España. El Edificio del Reloj estaba profusamente decorado, y un grupo de niños, vestidos de ángeles, lanzó pétalos. Allí se cantó la salve. Y continuó la procesión. Hacia la iglesia de Santiago se pudo ver una escena muy poco frecuente en la provincia. Una hilera de pendones, llegados de los pueblos de la Comunidad de Villa y Tierra, abrían el desfile. ¡Qué maravilla de tejidos antiguos!. Ojalá llegue pronto a Segovia esa moda de reunir los pendones parroquiales en algún acto, como ocurre en provincias no lejanas, cual es el caso de León.
Aunque la marcha era lenta, nadie parecía tener prisa. Conscientes de que estaban viviendo un hecho histórico -la primera salida de la Virgen de la Peña en el siglo XXI-, los presentes querían disfrutar del momento. De regreso a la Plaza de España, los pendones se inclinaron para que la imagen pasara bajo ellos. Y un numeroso grupo de danzantes bailó ante la patrona. Las recordadas ‘seguidillas’ de Sepúlveda.
Ya anocheciendo, la procesión enfiló hacia el santuario románico. La Virgen de la Peña regresaba a casa, habiendo dejado un grato recuerdo entre quienes ayer tuvieron el privilegio de acompañar sus pasos por las calles sepulvedanas.
Guillermo Herrero Gómez

