Cerca de 200 alumnos participan en el programa 'Escuela rural', en el que a través de representaciones teatrales se busca valorar los pueblos.
Dos meses de ensayos, ideas compartidas y tardes preparando personajes han convertido las aulas rurales de la provincia en pequeños escenarios. Un tiempo que muchos alumnos recordarán durante años, como suele ocurrir con las obras de teatro escolares, pero con un componente añadido: estas representaciones no solo sirven para actuar, sino también para descubrir y reivindicar lo mejor de cada pueblo. Desde la gacería de Cantalejo hasta la convivencia vecinal en El Espinar o la reflexión sobre la despoblación en Sepúlveda, cada montaje nace de la identidad de la localidad en la que se representa.
Ese es el espíritu de 'Escuela Rural: abierta por obras', un proyecto impulsado por la asociación Yo Contigo junto a la Fundación Caja Rural de Segovia que este curso ha dado un importante salto de crecimiento. Si en su primera edición participaron poco más de 50 alumnos de cuatro centros educativos, este año la iniciativa alcanza ya a 196 escolares repartidos entre Sepúlveda, Cantimpalos, Nava de la Asunción, Cantalejo, Sanchonuño y El Espinar.
La propuesta parte de una idea sencilla: crear una obra de teatro dentro del aula. Pero antes de llegar al escenario, los alumnos dedican varias sesiones a hablar sobre su entorno, debatir qué significa vivir en un pueblo y analizar tanto las ventajas como las dificultades del medio rural. A partir de ahí, construyen colectivamente una historia que posteriormente se convierte en representación teatral. «Queremos que los niños y niñas vean que el lugar en el que viven es un lugar donde poder construir un proyecto de vida», explicó Jacob Hernando, responsable del proyecto desde 'Yo Contigo'. El teatro se convierte así en una herramienta educativa, pero también en una forma de reforzar el arraigo y el sentimiento de pertenencia desde edades tempranas.
Cada localidad aporta además su propia personalidad a las obras. En Cantalejo, por ejemplo, las representaciones incorporan referencias a la gacería y a elementos tradicionales del municipio. En Sanchonuño, los alumnos imaginan un viaje a Marte en el que deben decidir si crear ciudades o pueblos, concluyendo finalmente que el modelo ideal pasa por pequeños núcleos rurales bien comunicados y con servicios suficientes. En El Espinar, donde participan cuatro aulas, las historias hablan de convivencia, inmigración o de la importancia de conocer a las personas que viven en el propio municipio. Mientras, en Cantimpalos, una de las obras reflexiona sobre la acogida a nuevos vecinos y lanza un mensaje claro al público: cuidar el pueblo depende de todos.
Las funciones comenzarán el próximo 26 de mayo en el Teatro Bretón de Sepúlveda y continuarán hasta el 22 de junio en el resto de localidades.
El presidente de la Fundación Caja Rural de Segovia, Ángel Luis Llorente, ha destacó que el proyecto conecta directamente con la filosofía de la entidad y su compromiso con el medio rural. «El medio rural es nuestra razón de ser», señaló, subrayando además el valor añadido que aporta el teatro para fomentar creatividad, trabajo en equipo y vínculo con el territorio.
Más allá del resultado final, docentes y organizadores coinciden en que el verdadero éxito del proyecto está en el proceso. Las obras se adaptan a las capacidades de cada alumno, incluyendo a escolares con dificultades de aprendizaje o recién incorporados al centro. Profesores y familias colaboran además en decorados, canciones o vestuario, reforzando el carácter colectivo de una iniciativa que, en apenas dos años, ya ha conseguido arraigar en las escuelas rurales de la provincia.

