Martes, 29 Septiembre 2026

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El pueblo de Castilla y León donde tienes que comer cordero asado en horno de leña: una preciosa villa medieval con un curioso castillo con espadaña

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Una villa segoviana reúne historia medieval, miradores naturales y una tradición gastronómica que atrae a quienes buscan una escapada con sabor.

Castilla y León conserva pueblos capaces de unir patrimonio, naturaleza y gastronomía en una sola escapada. Entre ellos, hay una villa medieval de Segovia donde el gran reclamo no está solo en sus calles de piedra, sino también en un plato muy concreto: el cordero asado en horno de leña. Este destino, rodeado por el río Caslilla y muy próximo a las Hoces del río Duratón, invita a caminar sin prisa antes de sentarse a la mesa.

Ese lugar es Sepúlveda, una de las localidades más singulares de la provincia segoviana. Su ubicación sobre un cerro le otorgó durante siglos un notable valor defensivo, especialmente en la Edad Media. Además, su importancia histórica queda reflejada en el Fuero de Sepúlveda, confirmado por Alfonso VI en el siglo XI. Hoy, la villa mantiene ese aire de frontera antigua gracias a sus murallas, sus calles estrechas y un conjunto monumental que permite entender por qué sigue siendo uno de los pueblos más atractivos de Castilla y León.

Un castillo medieval con espadaña en plena Plaza Mayor

Uno de los puntos más llamativos de Sepúlveda es su castillo, integrado en uno de los lados menores de la Plaza Mayor, rectangular y parcialmente porticada. La construcción reúne elementos de distintas épocas: torreones vinculados a la muralla árabe del siglo X, balconadas asociadas a la casa de los González de Sepúlveda y una fachada barroca añadida en el siglo XVIII. Precisamente en el torreón central destaca una curiosa espadaña con dos campanas, una de ellas conocida como la 'zángana', relacionada con el tradicional 'Toque de queda', formado por 33 campanadas.

La visita gana aún más interés por su entorno natural. A pocos kilómetros se encuentra el Parque Natural de las Hoces del río Duratón, donde los cortados calizos y la presencia del buitre leonado completan una escapada perfecta para quienes buscan paisaje y cultura. Después llega el momento más esperado: probar el lechazo asado, elaborado en tarteras de barro, con manteca, sal y horno de leña. En Sepúlveda, considerada 'la catedral del Lechazo Asado', este plato se acompaña tradicionalmente con ensalada, pan de hogaza y vino de la Ribera del Duero.

Sara Castellanos