Los quintos del 60 de Sepúlveda celebraron el pasado sábado, 8 de noviembre, su año de jubilación con una jornada completa de convivencia, memoria y fiesta.
El encuentro arrancó en el Santuario de la Virgen de la Peña con una misa en la que el grupo participó de una manera especialmente activa: la liturgia fue cantada a los acordes de la guitarra de uno de los quintos, se hicieron varias ofrendas entre ellas una cesta con objetos simbólicos de sus antiguos oficios, con los que llevamos el pan a nuestras familias y se dedicó un recuerdo sentido a los nueve compañeros ya fallecidos. El párroco, don Jaime, les dirigió palabras cariñosas y llenas de cercanía.
Como en sus años mozos, todos lucieron las tradicionales cintas de colores que les colgaban al cuello cuando marcharon al servicio militar. En lugar de la medalla original de la Virgen de la Peña, este año estrenaron una pieza creada y elaborada ex profeso por uno de los miembros del grupo.
Tras la foto de grupo a los pies de la patrona, la celebración continuó por las calles y bares de la villa, acompañados de sus parejas, hasta llegar la hora de la cena. El cierre de fiesta fue también cargado de memoria emocional: en un bar de copas, con música de su época, sonó la jota segoviana, como antaño se despedían las noches en la legendaria discoteca La Violeta.
Los quintos lo tuvieron claro: no solo era la celebración de un año administrativo de jubilación. Era un rito de paso colectivo, una mirada hacia atrás, y un agradecimiento a una historia compartida.
¡Vivan los quintos del 60!

