Todo empezó con un arca de donde fueron saliendo trocitos de las siete obras finalistas, emociones, palabras con alma y un sincero homenaje a todos los participantes.
Llevar trece ediciones del certamen de teatro Siete Llaves de Sepúlveda tiene mucho mérito, muchísimo trabajo invisible e innumerables dificultades, pero se ha producido el pequeño gran milagro una vez más, culminando con una gala de entrega de premios para recordar por todos sus ingredientes: sorpresa, magia, calidad, humor, frescura y mucho agradecimiento.
Margarita Cristóbal fue la voz, cálida y precisa, que condujo la gala con maestría. Myriam, Ana y Marta llenaron de teatro local el escenario con gracia y arte. Detrás estaban Jesús, poniendo luz y unos soberbios efectos especiales, y el enorme trabajo de Carmina López.
Los premiados fueron recogiendo su llave con la escultura en piedra realizada por Juan Emilio Cristóbal. Mucha calidad en las siete obras que llenaron la villa de teatro durante un mes.
El numeroso público asistente alabó la calidad de la gala y de las actrices locales y repetía una frase: “Es un orgullo para Sepúlveda”. Un orgullo que debemos mantener entre todos porque hace que nuestra villa sea conocida y reconocida a nivel cultural. Aporta otras vidas y vivencias, no exentas de reflexión y concienciación, durante cuatro semanas en un coqueto teatro Bretón. Allí, entre todos, deberíamos colgar el cartel de "No hay billetes" para seguir creando esta atmósfera llena de alma creativa y agradecida, como fue la gala de clausura. Ojalá entre todos sigamos apoyando esta iniciativa que sale adelante, año tras año, con tanta ilusión, imaginación y un trabajo de calidad.
Estrella Martín Francisco

