Con motivo del 300 aniversario del retrato ecuestre de Felipe V que permanece expuesto en Salón de Plenos del Ayuntamiento de Sepúlveda, queremos recuperar este artículo de María Antonia Antoranz, que publicamos en septiembre de 2011 y de actualidad en nuestros días.

El cuadro, según la doctora Elena Santiago Páez, es un retrato oficial de Felipe V obra de Miguel Jacinto Meléndez, pintor de cámara del rey, que había permanecido desconocido para los expertos hasta el momento de su visita al Ayuntamiento, siendo concejal de cultura Emiliano Alonso. Es el prototipo de retrato del rey victorioso frente a sus enemigos, muy apropiado para formar parte de la propaganda de Felipe V en plena Guerra de Sucesión a la corona de España (1702-1714) frente al otro aspirante, el Archiduque Carlos de Austria.
Felipe V está representado sobre un caballo que se alza sobre sus patas traseras y con la bengala de capitán general en la mano derecha, símbolos que no dejan lugar a dudas sobre el concepto de poder militar que quiere trasmitir; lleva la banda azul del Saint Esprit que nos recuerda su origen francés, mientras que los ángeles le traen, (no hay que olvidar que el poder del rey es de origen divino) el collar del Toisón de Oro de los monarcas españoles. Un simbolismo muy preciso para ese momento de la historia en que los dos pretendientes al trono estaban deseando legitimar su corona para poder mostrar sobre su pecho el Toisón de Oro, que lleva el rey de este país a cuyo trono aspiraban y por el que luchaban en ese momento.
Está inspirado en el cuadro de Felipe IV pintado por Rubens en 1628 y que estaba colgado en el Alcázar de Madrid frente al de Carlos V en la batalla de Mülhberg, obra de Tiziano. El original de Rubens se quemó en el incendio del Alcázar de 1734 pero queda una copia en el Museo de los Uffizi.
En palabras de la señora Santiago la buena calidad del cuadro de Sepúlveda y su gran tamaño (se conocen otras dos versiones de este cuadro, pero de tamaño más pequeño) hacen pensar que se trata de un retrato oficial del rey, encargado o regalado a un noble (el marco original que conserva el cuadro está rematado con lo que parece una corona de marqués) quizá en señal de su adhesión al nuevo monarca, el primer Borbón.
La inscripción que tiene en la parte inferior, y que tanto ha intrigado a quienes se habían acercado a la obra, no tiene relación con el retrato. No sabemos cuándo, ni porque motivo, se puso sobre el lienzo.
El autor, Miguel Jacinto Meléndez, es el miembro más destacable de una familia de artistas españoles que trabajaron durante el Barroco. Nació en Oviedo en 1679. Marchó muy joven a Madrid, siendo nombrado pintor de cámara de Felipe V en 1712, destacando el retrato del monarca que conserva el Museo del Prado. Falleció en Madrid hacia 1734.


