La libertad como valor absoluto

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El centro de interpretación de la antigua cárcel de Sepúlveda cumple su quinto aniversario con 4.700 visitantes al año

Interesante, curiosa, diferente. Son algunos de los adjetivos utilizados por sus visitantes para definir el centro de interpretación de la antigua cárcel de Sepúlveda'. Un recurso turístico que abrió sus puertas en diciembre de 2014, tras una inversión de 141.000 euros, para proponer una exposición permanente sobre las implicaciones sociales e históricas de todo tipo de reclusión. En 2018 pasaron por sus estancias 4.700 personas y se espera cerrar este año en la misma línea. Según explica la técnico de Turismo de Sepúlveda, Margarita de Frutos, el objetivo de este proyecto museístico es hablar de todos los modos de reclusión para poner en valor la libertad también en todos los ámbitos. «La libertad personal, de elegir, de decidir, etcétera», resume. Una propuesta diferente y singular que sorprende al visitante precisamente por ir más allá de la idea de recorrer una cárcel de la Edad Media. «Llama mucho la atención, sobre todo a los niños, que son los que muchas veces les piden a los padres hacer la visita y quedan encantados», explica Margarita de Frutos. Una de las razones es la originalidad de la propuesta y que el recorrido es ascendente y hay mucha luz.

El edificio, con total de 400 metros cuadrados y tres plantas, pasó a llamarse Cárcel de Partido en 1834, cuando se crean los partidos judiciales. En esa etapa se realizaron algunas reformas y buena parte de las instalaciones que han llegado a la actualidad son casi las mismas que existían entonces. El inmueble fue Casa del Concejo hasta que se construyó un ayuntamiento nuevo al otro lado de la plaza a finales del siglo XIX, pasando entonces a ser la vivienda del jefe de la prisión hasta su cierre definitivo con este uso, en los años 80 del siglo XX.

El centro de interpretación lleva cinco años abierto. La idea de la privación de libertad, ya sea como cautiverio forzado o como reclusión voluntaria guía el recorrido, «y el visitante experimentará y conocerá cómo vivían los presos, cómo se impartía justicia, las costumbres y usos sociales relacionados en los siglos pasados», recoge la web municipal. Es un mensaje adaptado a la comprensión de los distintos sectores de población y edades, con especial atención a los escolares, gracias a un planteamiento interactivo de paneles que el visitante debe abrir, lo que facilita una experiencia sensorial y directa, que se intensifica con recreaciones ambientales sonoras y visuales y maquetas proyectables.

Desde Turismo de Sepúlveda remarcan que para captar la atención de los niños se ha puesto especial cuidado en la creación de juegos pedagógicos, puzles de prismas con mensajes positivos sobre la libertad y un juego multimedia que les desafía para que planeen la fuga de la cárcel, superando todas las barreras que se les presentan entre la celda y la calle. La iluminación juega un papel fundamental a la hora de recrear atmósferas concretas.

Tres plantas, tres propuestas

En pleno centro de la llamada villa de las siete puertas, adherido a los cubos de la muralla y junto a una de sus puertas, está ubicada la antigua cárcel de la villa, de la que se tiene constancia desde que comenzó a construirse en 1543, ya como prisión municipal o del concejo. En la planta baja, se cuenta la historia del edificio y como punto de partida de este viaje, se propone la idea del cuerpo como cárcel del alma, como lo pudieron sentir místicos como Santa Teresa de Jesús y ascetas como San Jerónimo. A continuación, la literatura escrita entre rejas, con fragmentos de Fray Luis de León, Miguel de Cervantes, Miguel Hernández, Quevedo, Jovellanos y San Juan de la Cruz, que los visitantes pueden leer en una tableta, a modo de biblioteca virtual. Este nivel completa su información con una maqueta de Sepúlveda y un montaje audiovisual, que aportan información para conocer bien esta localidad, incluida en la asociación de los Pueblos Más Bonitos de España.

En la primera planta, se abordan las diversas formas de reclusión: la de la mujer, con aspectos como el honor encarcelado en palacios y casas hidalgas que se revelan como una noble prisión, la educación diseñada para mantener a la mujer en la esfera privada, durante largos periodos históricos y los modos de evitar ese encierro de género. En segundo lugar, 'la celda del espíritu', con la reclusión voluntaria de monjes y eremitas que buscan la salvación del alma a través de la soledad, la oración, el trabajo y la represión del instinto, con ejemplos de distintas órdenes monásticas y ermitaños, como el segoviano San Frutos, que se retiró en la cercanas Hoces del Duratón. Cierra este nivel, las ciudades amuralladas, vistas como una prisión ciudadana de la vida intramuros, y las cárceles y prisiones concebidas como espacios de castigo por la comisión de delitos, el concepto más popular en todo el mundo.

La tercera y última planta refleja con fidelidad cómo era la vida en la cárcel de la villa de Sepúlveda durante los dos últimos siglos y en cada uno de sus espacios: celdas de hombres, de mujeres, el calabozo, los baños y el cuarto de guardias y administración, así como la relación entre presos y carceleros, en definitiva, aquí es donde «el visitante podrá ponerse fácilmente en la piel de los antiguos moradores del edificio».

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