Eusebio Fernández corta una oreja en Riaza el día de su debut con picadores

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado

El novillero sepulvedano fue el que más suerte tuvo con su lote

Tonos grises cubrían ayer el cielo y la plaza de toros de Riaza. Los cárdenos de La Quinta causaban mucha expectación desde que los carteles estaban en la calle. En ellos se anunciaba el debut con picadores de Eusebio Fernández.

Por la mañana, el encierro no fue reunido. Primero entraron cuatro novillos. Y más tarde otros dos, haciendo esto que surgiese la tragedia. Ya en la plaza los cuatro primeros hicieron intención de regresar al recorrido del encierro. Y el cárdeno lucero de nombre Fragata, sorprendía a Ivan, un joven de Santo Tomé que entraba andando a la enfermería con una cornada en el muslo y otra en el pómulo.

A Pablo Atienza le toco el lote más desigual. Con su primero, el más pequeño de toda la novillada, inició con varias verónicas y una media. Un puyazo leve de Juan Antonio Carbonell para cuidar las fuerzas del animal y un segundo par de banderillas muy destacable y vistoso de José Manuel Más. Atienza brindaba el novillo a Purita Linares, antigua novillera de Valladolid. El novillo embestía muy despacio. Pero la falta de fuerza hacía que la faena tuviese poca transmisión al tendido. El buen temple de Atienza hacía que la faena fuese muy limpia y el novillo tuviese siempre la misma velocidad en su embestida. Con mucho gusto eran las tandas al natural. Pero los dos pinchazos hicieron que no tocara pelo.

Nada tenía que ver su segundo novillo. El de la quinta era muy alto y basto, como su comportamiento. En el capote embestía brusco y en varas se dormía sin apretar mucho al caballo. Otro novillo con una embestida lenta pero incierta. El de Segovia conseguía estructurar la faena y ofrecer al público tres tandas finales destacables acompañadas de desplantes. De nuevo el mal uso de la espada le robaba el triunfo.

Manuel Diosleguarde recibía el segundo de la tarde con mucha frescura en su capote. Un novillo con mucha calidad pero con poca fuerza. Con la muleta, el de Salamanca le consintió las querencias según avanzaba la faena e hizo que el novillo saliese de los muletazos despistado. Una faena muy técnica con unos molinetes como cierre. La espada entró entera pero al estar tendida el novillo no alcanzaba la muerte.

El quinto de la Quinta era más armónico. Con el capote el salmantino no conseguía lucirse. En varas, era el más espabilado de los hermanos y el que más humilló de la tarde. Con el capote, Diosleguarde manejaba muy bien los trastos, pero la falta de fuerza privaba de nuevo la conexión con las gradas. De nuevo la espada no le permitió tocar pelo.

El torero de Sepúlveda fue quien más suerte tuvo con su lote. El novillo con el que Eusebio se convertía en novillero con picadores se llamaba Rompepuertas. Surgían tímidas palmas de reconocimiento en el tendido. Era cárdeno salpicado y muy astifino. En varas echaba la cara arriba. Eusebio brindó su novillo a su madre y a su hermana. El de Sepúlveda no se entendía con los terrenos y permitía al novillo quedarse en tablas desde el comienzo de la faena. Un novillo manso que al no sujetarlo salía desprendido de los muletazos. Consigue poner vibración a la faena en las dos últimas tandas. Una estocada muy certera hace que presidencia le conceda una oreja.

El último de la tarde era el más bonito de morfología. Y en eso se quedó todo. Un animal con apariencia noble que carecía de condiciones por el pintón izquierdo. Por eso basó su faena con el pitón derecho. El público empujó al de Sepúlveda para que saliese por la puerta grande. Pero los pinchazos con la espada le arrebataron la deseada salida a hombros.

Hoy en Riaza se celebrará una corrida de toros de la ganadería leonesa Valdellán. Los espadas serán Rubén Pinar Juan del Álamo y Gomez del Pinar.

Comments are now closed for this entry