Seguro que la muerte duele menos

Hoy San Fermín es menos San Fermín que nunca. El grana y oro de los pañuelos no encuentra su chispeante y la ‘Estafeta’ no se reconoce sin la estampida de las ocho de la mañana. El ‘ya falta menos’ (YFM) es un bloque de hormigón armado sobre unos pies que se hunden sobre el mar. Una espera eterna. Tampoco el ‘Torico’ de Teruel volverá a tronar este estío, pero lo cierto es que desde hace cuatro años el luto es perenne. Lo es también en Grajera, en Sepúlveda, en toda la provincia de Segovia y en el mundo de toro.

La muerte de Víctor Barrio dejó huérfano de ídolo a sus seguidores y un vacío irremplazable. El diezmo que tuvo que pagar devolvió la realidad a la profesión y evidenció que la tauromaquia no es ‘La, la, land’. Con el caro peaje a liquidar en esta autopista, el sector despertó antes de entrar en la peor crisis de su historia -consecuencia de la pandemia-. Mientras la fe se anestesia, la esperanza se guarda en caja fuerte. Ahora todo son recuerdos de vinilo.

Esa mirada de seguridad que arrojaba en el patio de cuadrillas, sabedor del trabajo que venía del invierno. Era de ese tipo de personas que con su llegada reclamaba la atención de cualquiera. Su manera de dar la mano, su interés por los demás, su planta. Detalles muy toreros y de persona grande. Como las manoletinas pegadas en la misma boca de riego a punto de pasarse por los riñones un tren de carnes sueltas y dos pitones por guadaña. Muy de verdad.

Su cruz llegó en plena fase emergente hacia las grandes ferias, con una aval novilleril en el que ya fue figura. Las capeas de los inicios. Los primeros festejos sin caballos. Valdemorillo y aquel mano a mano del cetro del escalafón mediano de 2011 -con Juan del Álamo-. También el de Guadarrama. La tarde de Moralzarzal o la de Albacete. Valdemorillo, otra vez: ahora con la de Cebada Gago. Y su Madrid: tan suya, tan de todos, tan de nadie. Desde el golpe sobre la mesa que dio en su presentación con la de Rehuelga a los nervios atenazados que marcaron sus actuaciones ya como matador en Las Ventas.

Después llegó Teruel y el corazón solo se rompe cuando de verdad alguien quiere algo. El ventrículo izquierdo sigue bombeando naturales en el cielo mientras el derecho torea la vida de frente y en corto. Una vida en la que familiares, amigos y compañeros viven lo que no se puede vivir. Juicios, insultos y continuas faltas de respeto. Herir sobre la hemorragia. La fachada de la hipocresía. Ojalá una diadema que sujete la ideas de quien no tiene.

Que andar con la conciencia tranquila parece que es una virtud que se repele con spray. El detalle de que el betún no cubre ni dos milímetros su altura. Mientras, la única forma de acercar la distancia de no retorno del que se fue es cerrar los ojos. Cuanto más grande es la longitud, más pequeñas se hacen las personas. Seguro que la muerte duele menos que perder a alguien.

Alejandro Martín

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