La casa de los buitres

El parque natural de las Hoces del Duratón se mantiene como la mayor colonia de buitre leonado de España, con 729 parejas

Posiblemente, Sigifredo Sacristán sea quien mejor conoce a los buitres leonados (Gyps fulvus) de las Hoces del río Duratón. Desde 1995, cada mes de diciembre, cuando se producen las primeras puestas, este agente medioambiental de la Junta comienza a controlar los nidos, en una labor que continúa hasta el mes de julio, cuando los pollos más retrasados echan a volar. Este seguimiento exhaustivo, que en los primeros años realizaba con Francisco Sánchez, le permite saber, con exactitud, el número de parejas de la colonia. Este año son 729, dos más que en 2016. “La colonia sigue aumentando, aunque poco a poco”, dice. La cifra de pollos que han conseguido volar en 2017 ha sido de 357, señal inequívoca de la buena salud de la especie en este cañón segoviano.

Con estos datos, las Hoces del Duratón continúan encabezando el ranking español de colonias de buitre leonado. A falta de un listado oficial, la segunda colonia más numerosa también se encuentra en la provincia de Segovia, en el parque natural de las Hoces del río Riaza. Previsiblemente, la tercera colonia nacional más importante, en cuanto a población, se sitúa en Salamanca, en las Arribes del río Huebra, donde la Sociedad Española de Ornitología (SEO) contabilizó 349 parejas en 2008.

Sacristán resta importancia a este liderazgo de las Hoces del Duratón y advierte que, aunque en este parque natural es donde se produce mayor densidad de buitres leonados, Segovia no es la provincia con mayor número de parejas de la especie, siendo superada por otras, como es el caso de Burgos.

De su contacto casi diario con los buitres leonados, este agente medioambiental natural de Cabezuela ha descubierto multitud de datos de su comportamiento. Entre ellos, su inclinación a anidar en la parte baja del parque natural. “Llevo años observando que crían mejor aguas abajo del Puente de Villaseca que en la zona de Sepúlveda”, revela. Aunque, de momento, no ha hallado una explicación concluyente, intuye que se debe a que tienen querencia por los cortados más cercanos a los lugares de aprovisionamiento de carroña, que en no pocas ocasiones son las granjas de porcino de la zona.

Aunque Sacristán estima que la colonia de las Hoces del Duratón “va bien”, matiza a renglón seguido que a los buitres leonados “los falta alimento en el campo” y, por ello, se ven obligados a ir buscarlo a los contenedores donde las granjas depositan los animales muertos. “A mí —indica Sacristán— esa imagen de un buitre leonado comiendo en un contenedor no me gusta nada, es muy fea; prefiero que sigan siendo salvajes y tengan que explorar el campo desde el cielo hasta encontrar una pieza”. En este sentido, este agente medioambiental se coloca al lado de los colectivos conservacionistas y los ganaderos que piden recuperar los muladares tradicionales, una solución “muy higiénica”.

Sacristán cuida a los buitres leonados con primor. Todos los años tiene que sacar a unos cuantos del embalse de Burgomillodo. “Se echan a volar antes de tiempo y muchos caen al agua”, explica. Así que le toca ir en plan socorrista. Antaño, a los pollos que auxiliaba los llevaba al Centro de Recuperación de Animales Silvestres (CRAS) de Segovia. Últimamente, prefiere dejarlos en la paramera. “Los padres los ceban allí, y en un par de días ya pueden volar”, revela el agente medioambiental, quien considera que “si pasan por el CRAS, la reintegración en su medio natural resulta luego más costosa”.

La evolución futura de la colonia del Duratón es “un misterio” para este agente medioambiental, aunque confía en su mantenimiento, y más teniendo en cuenta la descendente mortalidad por choques con tendidos eléctricos. Con Sacristán, claro está, los buitres leonados del Duratón respiran tranquilos.

Guillermo Herrero

 

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